Psicoterapia para el camino

Independencia Emocional

Lograr la independencia emocional es una enmienda que uno se debe a sí mismo y que siempre se está postergando.

Los duelos que provienen de rupturas amorosas normalmente acosan la integridad psíquica de quien los sufre para procesarlos. El miedo al rechazo hace que muchas veces se permanezca en relaciones en las que ya no se desea estar. El resurgimiento del caos que ha dejado la separación es un trabajo doloroso, sí, de duelo. ¿Dónde quedaron la empatía y la compasión? Nada cerca de la soledad. Pero en este estado emocional habrá que encontrarlas para una mejor vida otra vez.

El mito bíblico del Génesis establece la premisa social de que “no es bueno que el hombre esté solo”. Sin embargo, siempre existirá la realidad de la soledad. Octavio Paz, citado por Muchinik y Seidmann (2009: 31), en su poema “Algunas Preguntas” dice que

“Aunque morimos juntos la misma tierra nos entierra y la misma mentira nos envuelve cada quien, al morir, se muere a solas”.

Las mismas Muchinik y Seidmann (2009: 33) pasan a definir a la soledad como “el sentimiento prolongado, desagradable, involuntario, de no estar relacionado significativamente o de manera próxima con alguien”. Así, se está ante una apreciación subjetiva, que no necesariamente debiera ser displacentera, si se le resignifica.

Marcel Proust (citado por Knafo, 2012) dijo que las ideas son como diosas que solamente se la aparecen al mortal en soledad. El imaginario popular dicta que el creativo para ser mejor, debe estar sólo. La redirección de la energía libidinal que produce una ruptura emocional, puede ser sublimada y llevada a territorios cuya exploración producen gran satisfacción.

Con respecto a la forma en que una relación es asfixiante Jürg Willi (1975: 13), propone que:

“El abrazo demasiado fuerte ahoga el amor. Con dependencia infantil, los consortes se obstaculizan mutuamente en su desarrollo personal; generalmente la pareja está demasiado delimitada respecto al exterior, mientras los cónyuges pierden, en el interior, su individualidad y diferenciación”.

Sin embargo, la mayoría de las personas tienen una búsqueda insaciable de otro cuando se sienten solas. No se conforman con el sentimiento de soledad. Cómo se llega a tener una pareja para reprimir temores, se teme dejarla para que el miedo no regrese. En la consulta psicoterapéutica existe la constante de la dificultad de abandonar una relación caduca o la compulsión por conseguir una nueva pareja sin procesar el duelo de la reciente.

Cuando se quiere una salida de una relación plagada por la agresión pasiva, castrante, se anhela la libertad y se teme la violencia. ¿Por qué se llega a esto? ¿Por qué no se ha podido superar lo pasado y se tiene esta “compulsión a la repetición” (Freud, 1920)? Es que se disfruta el momento de la fuga, esa ansiedad de escapar de nuevo que siempre se ha anhelado. La libertad se disfruta más cuando inicia, es el mayor goce de ella, es el niño que comienza a andar, el adolescente que emprende por primera vez un viaje sólo, la novia que se separa de los padres, el preso que ha obtenido por fin su libertad, la bestia enjaulada que regresa a su hábitat. Es el logro de la independencia, que debe adquirir un verdadero tinte emocional.

En el proceso de hacerse consciente de la libertad obtenida gracias a una separación, está implícito enfrentar el miedo al rechazo y a la soledad. Existen fantasías catastróficas cuando se considera la posibilidad de perder a alguien. Esto conecta con los terrores nocturnos iniciales del bebé al sentirse abandonado por primera vez (Isaacs, 1948). Esta clase de miedo se agudiza en las personas con perturbación narcisista, para las cuales la separación de la fantasía de una madre idealizada inconscientemente es muy complicada (Willi, 1975).

Así, cuando se trata de los vínculos, la vida transcurre oscilando entre el conflicto de depender de otro y su separación. En la infancia las cosas buenas y malas que pasan, ocurren fuera del mundo interno. De hecho, la infancia vendría a ser un periodo en el que la capacidad para asimilar actores externos frente a la omnipotencia infantil que la madre favorece, se encuentra en proceso de formación. Por eso es que las separaciones son tan complicadas. Winnicott (1960), interesado por la relación del sujeto con su entorno, proponía que para describirlo en sus primeros meses de vida, hay que hacer un correlato de alguien más, o sea su cuidadora, ya que un bebé no puede tener una existencia sin el apoyo de alguien.

El deseo de separarse es la búsqueda del placer diferente al que se experimentaba e implica una cierta compulsión por alejarse del peligro de muerte que representa el retorno a la vida intrauterina. No siempre está en función del estrés que produce un estado de dependencia, pues en la separación hay descubrimiento, creación, sorpresa y excitación. Cuando el individuo se enfrenta a lo desconocido que representa la independencia con optimismo, se encuentran nuevas formas de vivir.

El principio del placer aquí se encuentra del lado de la independencia y el de la realidad del lado de la dependencia, lo cual parece un contrasentido. Pues se esperaría que la realidad nos empujara a desprendernos del objeto que nos engolfa. Para que se de esta inversión del deseo de seguir siendo gratificado por el objeto placentero anterior y se le considere de mayor placer redirigirse a otro objeto, en este caso las gratificaciones que produce la vida independiente, es necesario tomar conciencia de la importancia de este cambio existencial.

Existe una inclinación a fantasear situaciones placenteras y esto es una forma de evadir al principio de realidad. Para Freud (1911), “…el imperio del principio de placer sólo llega a su término en verdad, con el pleno desasimiento respecto de los progenitores”. Pero en muchas ocasiones, la elección de pareja viene a ser una forma de desplazar inconscientemente la dependencia con respecto al progenitor y negarse a dar el paso hacia adelante.

En el proceso de independencia psíquica, desde la más temprana infancia, ha de pasarse de la autoexploración a la exploración de los objetos del mundo externo. Ya que la vida en el mundo de lo real implica un proceso de desarrollo psíquico, el sujeto está en un constante desprendimiento de su pasado para lograr este crecimiento. El que se haga consciente de la importancia de dar estos pasos es fundamental para una vida adulta plena.

La dependencia patológica produce la incapacidad de tomar decisiones propias y es en este sentido una discapacidad emocional. Es diferente la independencia que se logra debido al rechazo de la independencia lograda debido a la decisión racional de separarse. Quererse a sí mismo tiene la implicación de rechazar relaciones que ya no son deseables en absoluto, pero para llegar a esta conclusión hay que pasar por un proceso de pensamiento. Son de tomarse en cuenta los factores socioculturales que en un momento dado pueden influir en el camino a la independencia emocional (Louie, 2000). Existe el cliché social e incluso hipótesis psicológicas parcialmente comprobadas acerca de que la felicidad es más probable si se vive en pareja, pero la tendencia cada vez mayor de las personas a vivir en soledad pareciera que la contradice.

La imposición social que incluso se ha visto alentada por la ciencia psicológica acerca de la vida forzosa en pareja, convierte en una situación idealizada el tener pareja a cualquier precio. Conforme la vida transcurre, el conjunto de los deseos que la sociedad conforma y la familia idealiza, se acumula y para cumplirlos plenamente debe existir una huida del seno familiar. Hay que salir de la “noche de lo indiferenciado (Deleuze y Guatari, 1972)”. Adam Smith, fundador de la economía liberal, creía que la dependencia en otros se resolvía con una independencia impersonal (Özler, 2012). La existencia en el mundo capitalista, asocia inmediatamente la independencia emocional con la independencia económica y así pareciera ser, pues una persona que se independiza del vínculo parental, tenderá a formar su propio patrimonio a través de su trabajo. ¿Qué tan sintomático de la independencia emocional es que el individuo haya logrado la independencia económica? Sería una condición en apariencia necesaria, pero no suficiente.

El sujeto que se independiza, debe darse cuenta de la diversidad que representa el ambiente que le rodea (Neuberg, 1992). Desde los inicios, la percepción de que hay objetos distintos de uno mismo provee de una incipiente diferenciación en lo que dará a una tarea de toda la vida y que tiene diversas complicaciones para ser llevada a buen término. Para Winnicott (1953), queda claro que más allá del placer que implican las gratificaciones orales del bebé, está que ellas representan exploraciones de lo que será la diferencia entre el “Yo” y el “no yo”. Lo cual incluye poder conocer la naturaleza de los objetos, la capacidad de reconocer el objeto como algo ajeno, la membrana metafórica que establece un límite entre el yo y lo ajeno, así como la capacidad de crear, pensar, planear, originar y producir un objeto. Esto da lugar a las nociones de objeto transicional y objeto transicional, para designar un área intermedia de experiencia entre lo que es la parte del cuerpo que produce placer. Este mismo autor postula que los patrones establecidos en la infancia pueden persisten en la edad adulta de manera que los objetos transicionales continúan siendo absolutamente necesarios al dormir o en los tiempos de soledad cuando el ánimo depresivo amenaza.

Psicoterapia psicoanalítica de la dependencia emocional

Una persona que acude a psicoterapia debido a una separación puede decir: “no es mi deseo llegar a sentirme bien de nuevo acompañado. Hoy quiero estar conmigo y tener sentimientos de amor verdadero hacia mi persona. Tengo deseos de que valorarme por todo lo vivido, lo conocido e incluso lo sufrido”.

El deseo de independencia frustrado o tergiversado debido a una ruptura amorosa requiere de ayuda psicoterapéutica. La psicoterapia psicoanalítica, al analizar conflictos inconscientes arraigados en las relaciones tempranas, trabaja en hacer consciente y sublimar dicho deseo de independencia y tiene como meta que el paciente logre una resolución creativa del duelo para que ya no se mantenga en la compulsión repetitiva de sustituir pérdidas pasadas con objetos análogos. Acudir con un psicoterapeuta competente a resolver duelos de separación es una decisión acertada, ya que la dependencia es una forma de resistencia al cambio psíquico y esta puede presentarse en el setting terapéutico.

El término “espacio transicional” fue desarrollado por Winnicott (1953) con el objetivo de localizar o poner en perspectiva aquellos objetos que debían tener un lugar en el psiquismo para explicar su desarrollo o más bien su transición de ser sujeto de dependencia a sujeto independiente. Es en dicho espacio en el que pueden ocurrir, gracias al dispositivo psicoanalítico, cambios en la perspectiva con la que se toman las transformaciones vinculares y es con la interpretación que sería posible dar a conocer al paciente (insight), una nueva manera de concebir los vínculos (Berenstein y Puget, 1997). Desde el punto de vista de Olivier (1980: 223) “…la sociedad patriarcal, la estructura edipiana, la familia nuclear; tal es el espacio en que se mueve el analista y donde no puede dejar de plantearse el tema del Edipo vivido socialmente, y el de la sociedad vista como agente que engendra neurosis”.

La vida es una continua adquisición de realidades, una sucesión de etapas que requieren procesos de duelo, en tanto el paso de una etapa a otra es también el paso de una pérdida a otra. Se vive en medio de un dolor cotidiano, amén de dolores pasajeros, puesto que este tránsito de pérdida a pérdida, provoca respuestas afectivas dolorosas y solamente es posible salir de tal noche oscura, asumiendo que vivir es enfrentar el dolor. Para enfrentarlo, es pertinente el apoyo psicoterapéutico.

Porque la independencia pasa por el estado de soledad e incluso por sentirla. “Sé que no puedo huir de este sentimiento, volverme a drogar ya no es una opción, así que tengo que sentir todo esto aunque ya no pueda más”, declara un paciente ex – drogadicto que pasa por una separación amorosa.

Elaborar la pérdida es posible cuando se accede a nuevos caminos para el deseo, a sublimar mediante fenómenos transicionales o de manera patológica, a luchar compulsivamente por sustituir lo perdido por algo que se parezca lo más posible a lo perdido y que llene el vacío percibido. La psicoterapia auxilia al cliente o paciente a ir hacia adelante con su vida y explorar nuevos derroteros y nuevas soluciones a viejos problemas, algunos de los cuales se consideraban insolubles y llegar a cierto grado de plenitud (Edelson, 1963).

Se puede elegir por ejemplo, entre conseguir una pareja lo más parecida posible a la que se dejó o desarrollar actividades nuevas y creativas que permitan un nuevo canal de sublimación (Kernberg, 1997), que contenga nuevos significados existenciales.

Las familias prohíben el incesto pero por el otro lado no dejan ir a sus miembros a una relación exógena (Carotenuto, 1991). Sería difícil separarse de una madre “suficientemente buena” (Winnicott, 1953) a la que se le cree perfecta. De ahí que la prohibición al incesto y la cooperación del padre para que el hijo socialice jueguen un papel importante para la búsqueda de una pareja en un hijo varón heterosexual. Viorst (1986) dice:

“Algunos de nosotros seguiremos exigiendo amor materno incondicional, aunque sea disfrazado con las relaciones de amor adulto y nos enfurecemos cuando nuestra pareja exija un dar y recibir mutuo cuando ella o él den a entender que desean que sus necesidades sean satisfechas”.

En eso consiste la búsqueda compulsiva del objeto primigenio perdido. El psicoterapeuta debería demostrarle al paciente la existencia de alternativas en función del desarrollo de la creatividad que es consecuencia del redireccionamiento de la libido. Será de gran ayuda alejarse de los pensamientos obsesivos acerca de la pareja perdida, que son análogos – transferenciales – a las rumiaciones depresivas del bebé que sufre por la ausencia de la madre.

Un aspecto muy importante para que la psicoterapia psicoanalítica ayude a ligar objetos transicionales (Winnicott, 1953) mediante el pensamiento y las fantasías en el proceso de duelo por separación, es que el paciente desarrolle nuevos pensamientos y nuevas perspectivas acerca de la relación que tuvo y de la forma en que se ha relacionado con todas las personas significativas. Sobre todo, que empiece a comprender qué es lo que el objeto perdido le ha dejado y tener una nueva percepción acerca de ello.

Algo que debe entenderse es que la pareja no debiera ser un objeto transicional de larga duración con la que se pretendiera resolver el duelo por la pérdida edípica de la madre o el padre. Cambiar en la forma de tener relaciones afectivas implica dejar de tener la misma relación pero con distintas personas.

El psicoterapeuta psicoanalítico debe ayudar al paciente a que aparezca y reconozca su “verdadero self”. En el estado de soledad, se llega a descubrir a una persona que siempre ha estado allí. Reconocer esa realidad psíquica implica “matar” o por lo menos poner a buen recaudo al falso self, ése que se ha construido como producto de las defensas psíquicas en la que los emparejamientos pudieran ser parte de ella. En la pareja analista – paciente, habrá de producirse una nueva percepción de la calidad de las relaciones.

El falso self, ante una separación, busca repararla con la búsqueda compulsiva de objetos sustitutivos. En el juego del “fort – da” relatado por Freud en “Más allá del Principio del Placer” (1920), el infante quiere sustituir mediante una actividad lúdica la ausencia temporal de la madre. En esta situación psíquica de juego, no hay un encuentro profundo consigo mismo, sino el alcance de paliativos. Así pudiera transcurrir la vida para quienes viven con fuertes sentimientos de soledad y no aciertan a disfrutar del estado de soledad.

Más allá de lo superficial que socialmente se considera exitoso como tener cosas y relaciones, el ser una persona que se conoce bien a sí misma en esencia, es lo que puede proveer de una vida útil y feliz. Estar conscientes de este modo real de vivir es un aprendizaje significativo que puede obtenerse en un proceso psicoterapéutico, y la capacidad de regulación emocional es un logro de la independencia, pues no se está tan atento a lo propio cuando se cree que otro lo atenderá. Luis Hornstein (2006:117) hace referencia al trabajo de Jamison (1993) en el sentido de que “…gracias a la creatividad como formación de compromiso la enfermedad (depresión) es mantenida a raya y a veces es suficientemente superada…”. El esfuerzo creativo que una persona en duelo desarrolle para alejar su libido de un foco obsesivo como puede ser la relación pasada, dará como resultado nuevas satisfacciones existenciales.

Enfrentar la vida reconociendo al ser verdadero no evita los problemas cotidianos como pueden ser dificultades en las relaciones y sus consecuencias. Es posible reconocer errores y seguir adelante, entender que se tienen nuevas oportunidades con los demás y consigo mismo al tener la capacidad de perdonarse por fracasos amorosos anteriores. Esta clase de aceptación, auxiliada por la psicoterapia, permite salir de la confusión que ha dejado la ruptura.

 

 

 

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