Psicoterapia para el cambio

Infidelidad: Forma de respuesta a la agresión en la pareja

Dr. Andrés Tovilla Sáenz

 

Causas de la infidelidad

La infidelidad es un fenómeno común en la vida de las parejas actuales. La duración de una pareja en muchas ocasiones está determinada por el surgimiento o descubrimiento de la infidelidad. En el terreno de una moral social convencional, la infidelidad es una forma de traición.

No existe una definición universal de infidelidad y esta ha sido definida en muchas formas y ésta se ha dado por ejemplo en función de la percepción de hombres y mujeres con respecto a sus aventuras extramaritales (Munsch, 2012) La infidelidad o el simple flirteo entre miembros de una pareja ha sido definida en la literatura en muchos aspectos como sexo extramarital, comportamiento infiel, involucramiento no monógamo, coito extramarital y situaciones de poliamorío. Pero al parecer existe la convención de que la infidelidad se relaciona especialmente con el sexo con una persona fuera de la pareja sin el consentimiento del otro miembro de ella.

No se puede negar, siempre hay desengaños sobre el comportamiento del otro miembro de la pareja cuando no se le ve. Desde los inicios de la pareja, se presentan situaciones en las que se des idealiza al ser amado. Esto puede hacer surgir el resentimiento y el odio a un nivel consciente y es difícil superarlo. Ya se ha llegado a un límite y se debe asumir. Uno de esos límites es la infidelidad y esto puede significar agredir siendo infiel a la pareja por el deseo inconsciente de soledad o por desear vengarse de abandonos o rechazos del pasado, como podría ser la llamada “traición edípica” que Freud (1910) propuso. La infidelidad es ruptura de la promesa de exclusividad y puede darse por algo que se rompió en el pasado. En la vida posmoderna, un tema recurrente.  ¿Qué es lo que hace que la pareja se destruya debido a la infidelidad?  

Existen hallazgos de investigación psicológica que indican que las parejas en las que se da la infidelidad muestran una gran inestabilidad marital, deshonestidad, frecuente desconfianza, narcisismo y pasar mucho tiempo aparte uno del otro (Atkins, Baucom, et. al., 2005).  

Varela (2014), en una revisión de análisis de contenido literaria, propone que los hombres infieles tienden a tener problemas con el abuso de sustancias, buscan excitación y se encuentran sexualmente insatisfechos. La mujer tiende a ser infiel en la búsqueda de mayor excitación sexual, sentirse deseada y obtener venganza de su esposo. Es importante señalar que en la tradición de la cultura patriarcal, la mujer tiene mayores sanciones sociales si es sorprendida en la infidelidad y esto pudiera presionar para que exista una conciencia moral más punitiva en la psique de la mujer.

La sociedad tradicional condena la infidelidad e incluso ha penado el adulterio como delito, pero esto ocurre de manera muy frecuente. De hecho, es materia del humor social, la gente se ríe y se burla de los hechos adúlteros a la par de que los penaliza.  La infidelidad entonces adquiere connotaciones morales impuestas y desde hace mucho tiempo la fidelidad se ha instaurado como una necesidad social aparejada a la prohibición del incesto y el parricidio. Puede decirse que la fidelidad es una imposición que se hace para construir un modelo de sociedad determinado, basado en la familia monógama. En una sociedad posmoderna que tiende a establecer reglas a partir de la comparación de la calidad de vida percibida en los demás (Schwartz, 2004), cada pareja hace una comparación acerca de su grado de fidelidad con respecto a lo que aparentan otras y en eso evalúan una parte de su seguridad psicológica., de manera que descubrir la infidelidad en la pareja tiene un efecto traumático.

Los caminos que llevan a la infidelidad son de diversa causa y múltiples, no existe una ruta lineal que lleve a ello. Más bien existe un conjunto complejo de dinámicas psicológicas e interpersonales que influencian y dan forma a los sucesos y procesos que llevan a la infidelidad y que son únicos en cada relación (Nathans, 2012). Hay que tomar en cuenta que nuestra sociedad cada vez hace juicios menos severos y punitivos a este fenómeno y la situación se ha tornado más permisiva. Desde un punto de vista normativo, relacionado con lo que la sociedad cambiante tiende a aceptar, las personas son más proclives a ser infieles si han tenido una relación cercana con alguien que ha sido infiel (Drigotas y Barta, 2001), como puede ser el ejemplo de un padre infiel.

En las relaciones de pareja hay tanto complacencia del otro como como de uno mismo. Amar al complemento o amar al igual, son los extremos del continuum en la elección de pareja. Cuando se hace una falsa elección, es decir cuando se cree que se ha elegido a alguien por cualidades deseadas que luego no resultan reales, puede haber mucha frustración en la que se culpe al otro por la insatisfacción. ¿Cómo cobrar esa factura? Una de las maneras es la violencia que implica la infidelidad para quien la sufre. Dice Strean (1980: 66) que “la patología emocional puede a veces ser un factor de vinculación si proporciona “complementariedad” en la interacción marital”. Es decir, la psicopatología une a la pareja, pero también tenderá a separarla en un momento dado. Es muy complicado e incluso imposible que un matrimonio vaya a curar la neurosis de sus miembros solamente por el hecho de constituirse como tal, pero muchas veces la gente se empareja para tratar de reparar una psique enferma, que la media naranja “cure” la locura que se sufre.

Se dice que en la infidelidad existe una suerte de “realización edípica” (Elise, 2012). Freud (1910) propuso que el niño percibe el coito entre los padres como un acto de infidelidad perpetrado por el deseado pero infiel progenitor, sea el padre o la madre. Por ejemplo, puede darse el caso de que el hombre no puede tener las realizaciones eróticas que tiene con la amante con la esposa y esto es debido a conflictos edípicos que se deben resolver en un proceso psicoterapéutico (Kernberg, 1995; Díaz de Chumaceiro, 1996). Esto es sentido como una herida narcisista mayor que siembra la semilla de deseos de venganza. Toda una organización defensiva surge mara manejar este trauma de la “escena primaria” y las resultantes fantasías de venganza. Estas defensas producen una separación del progenitor deseado entre uno fiel y otro infiel, resultando de ello el impulso de ser infiel (Josephs, 2006). Este pudiera ser el origen de la agresión que conlleva la infidelidad. Es decir, se produce por personas que no han superado de manera adecuada la etapa edípica.

La infidelidad puede partir de un contrato inconsciente en el que uno de los miembros acepta vivir en pareja “sí y solo si” se permite o se tolera aunque sea inconscientemente la infidelidad a cambio de ciertas ganancias. Hay cierta gratificación o ganancia neurótica en quien es aparentemente engañado, mientras que el miembro infiel de la pareja debiera saber que su responsabilidad tendrá siempre un costo, una consecuencia.

Cuando no se asume la propia agresión y solamente se culpa al otro, puede surgir un alejamiento hostil o la infidelidad (Kernberg, 1995). El infiel siempre racionalizará su conducta y proyectará en el engañado una parte de la culpa. Los amantes infieles parecen muchas veces obligados por el azar a cometer su conducta, pero más bien son fuerzas inconscientes las que los obligan y es la agresión no procesada la que predomina. El placer que produce el acto infiel es intenso y no se goza con la pareja establecida.  Una de esas fuerzas es el deseo de exhibirse como amantes y ser vistos por Otro que se escandalice para provocarle una reacción, en una sorpresa que causa en apariencia, un “malentendido” que “seguirá reinando siempre que dos cuerpos aparezcan ante un tercero perturbado por su presencia” (Ruy, en Montiel, 2005)

Con la infidelidad, el hombre le comprueba inconscientemente a la esposa que no ha sido castrado por ella y la mujer le comprueba al esposo que no está bajo su dominio exclusivo y que puede triunfar sobre él. También se dice que el hombre cuando es infiel solamente reproduce el dictado que el machismo le impone. ¿Será que en el código genético del macho humano está la infidelidad? El acto de infidelidad en este sentido está dado en función de un cierto código ético (Lander, 2016) que la misma sociedad patriarcal impone con un doble mensaje.

Así, no se pone en duda de que la fidelidad es parte originaria de un contrato constitutivo de la pareja. Pero puede existir una intención inconsciente e incluso consciente en los miembros de la pareja de romper la cláusula de fidelidad si se presenta el desencanto o ruptura de la idealización.  Pareciera que la infidelidad viene a ser un acto maníaco que busca resolver el duelo de esta ruptura de lo ideal. La infidelidad es una estrategia del engaño y produce emociones intensas.

“No eres lo que yo quería pero no has logrado dominarme, por eso te pongo los cuernos” es una frase que parecieran decir todos los infieles cuando se rebelan y se revelan como infieles. El temor a ser “castrados” o “encerradas” por la pareja, reproduce las frustraciones de la infancia que el sujeto desea inconscientemente vengar.

El aburrimiento como una variable caracterológica, es decir, un defecto de carácter que está presente en las personas que tienen ciertas debilidades psicológicas, es otro de los disparadores de la infidelidad. Aunque la búsqueda de la excitación como remedio maníaco a la frustración vuelve a hacerse presente. En la actualidad la infidelidad está dándose a través de internet. Incluso hay páginas que hacen negocio con las parejas infieles. No hay duda de que las personas que pasan demasiado tiempo conectados a la red manifiestan un alto grado de aburrimiento.

Hay algo que no se debe perder de vista: También hay parejas que son adictas a la persona que traicionan, como si fuera importante tener ese goce sádico de su sufrimiento. Schadenfreude es el término alemán que se utiliza para denotar el placer que se deriva del sufrimiento de otros. Existe un humor infantil característico que produce risa y agrado cuando a alguien le ocurre algo malo (Freud, 1905). Además, el fundador del psicoanálisis (Freud, 1930) decía en su interpretación de la cultura que “El hombre no es un ser manso ni amable, más allá de ser capaz de defenderse sólo si lo atacan, posee en su dotación pulsional una buena cuota de crueldad…”

En algunos infieles hay un goce sádico por serlo. Más allá de dicho sadismo, puede haber en el hombre crueldad misógina al ser infiel. En esta acción contra la pareja, existe la necesidad de ser observado por el Otro, es decir por un constructo psicológico que el sujeto “en el afuera” o más allá del sí mismo, ha generado para demostrarle que cumple con un mandato ideal de “ir en contra de…”. Esto se ha producido por un padre que a su vez fue misógino y sádico. Aquí para el varón infiel, hay una recompensa por el odio (Lichtenberg, 2000), actuado contra la figura que representa a la madre, pues está cumpliendo con un mandato de los ideales patológicos del padre.

¿Cómo resuelve una pareja la crisis de infidelidad?

Cuando se descubre la infidelidad, esta debiera ser resuelta por la pareja que la enfrenta de una forma u otra (Miller, 2013). “Salvar” el matrimonio o la relación es una de las soluciones intentadas frecuentemente, principalmente debido a las necesidades familiares o a la presión social.

Se asume que el perdón es lo único que permite que la pareja se siga desarrollando después de un episodio de infidelidad y que este está soportado principalmente en la capacidad de la persona engañada de diferenciarse de las soluciones que plantearía a la infidelidad su familia de origen. (Heintzelman, Murdock, et. al. 2014).  El interés en el perdón tiene una gran relevancia en la actualidad en lo que se refiere a mantener el bienestar emocional, la salud física y las relaciones íntimas sanas. El perdón es especialmente importante en la relación marital (Fincham, Hall y Beach, 2006).

Para que la relación marche adecuadamente. Debe haber un reconocimiento constante de la forma en la que se es agresivo con la pareja. La agresión verbal, psicológica, física, pasiva e inconsciente es una parte de la vida de la pareja y el éxito de la relación a través de sus diversas etapas y conflictos depende en mucho de la capacidad que tengan de procesar eficazmente la agresión mediante el diálogo amoroso.  

Se dice también que actualmente predomina el valor social del matrimonio por amor (Lander, 2015). De ahí que cuando hay infidelidad, se cree que el amor se ha roto ¿Es cierto esto en una sociedad hiperconsumista? La verdad es que pareciera que se ha vuelto a la predominancia de los matrimonios por conveniencia en los que tal vez la fidelidad no es un tema fundamental en el contrato de pareja. Esto debe cuestionarse cuando se quiere resolver una crisis de esta magnitud.

Una forma de procesar la agresión para que el riesgo de infidelidad disminuya es ir al origen de la pareja. Allí es donde hay que cuestionarse cómo surgieron los resentimientos. La elección de la pareja muchas veces parte de lo ideal y no de lo real. Se fantasea con que el otro es el compañero anhelado y luego, al romperse la idealización, pues resulta que no es así.

La fuerza cohesiva fundamental en las relaciones es el compromiso, que se define como un vínculo psicológico y motivación para continuar una relación. Lo que hace que dicho compromiso se sostenga incluye la satisfacción, es decir, que tan feliz es el individuo en la relación, la calidad que podría haber en una relación alternativa y todo lo que se ha invertido en la relación, tanto material como físico y emocional (Drigotas y Barta, 2001). Para no ser infiel se requiere reforzar el compromiso en función de estas condiciones, es decir, debe haber mayor satisfacción, las alternativas a la pareja deben percibirse como de menor calidad y se debe valorar todo lo invertido en la relación.

Intentar una mayor actividad sexual entre la pareja que ha sufrido una crisis de infidelidad es al parecer una variable tiende percibirse como una solución para la pareja engañada (Barbaro, Pham y Schakelrod, 2015), pero esta no puede ser la única que genere mayor satisfacción en la vida de pareja que resurge de la crisis.

La propuesta terapéutica para la infidelidad debe tomar en cuenta el proceso psicoanalítico que implica para el infiel en tratamiento tender a superar las heridas narcisistas producidas por el rechazo de los padres, para que esto no se repita cuando se siente rechazo de parte de la pareja y se buque actuar una venganza edípica en la forma de infidelidad.

La resolución de la infidelidad, implica aceptar la ambivalencia amor – odio que de pronto puede surgir en la relación marital tiene la implicación de una meta terapéutica que dé una solución aceptable y estable al conflicto edípico (Beuf, 1993).

Existen parejas que comparten una patología grave de la personalidad (Mendelsohn, 2011). Esto puede implicar que ambos sean infieles y en su tratamiento debe verse con atención lo que cada miembro proyecta en el otro y asume de sí mismo.

Muchas personas acuden a psicoterapia porque pretenden que este sea el camino para conseguir pareja o para conservar de manera frenética la que tienen. Muchos terapeutas responden de manera compulsiva a esta necesidad y quieren convertirse en “conseguidores” de pareja. Tal vez existe un “culto” excesivo a la pareja, en el que se quiere sostenerla a toda costa por una cuestión de conveniencia social. De hecho existe una clara discriminación social (Pillswoth, 2005)  hacia las personas solteras que pudieran elegir libremente vivir “solas”. Estas actitudes impulsivas de los terapeutas también pueden ser explicadas por tender de manera complementaria o contratransferencialmente a las demandas de pacientes con un trastorno grave de personalidad. En esta misma actitud, los terapeutas de pareja pudieran comprometerse a unir o separar a toda costa a las parejas que acuden a resolver problemas, entre ellos el de la infidelidad.

Un punto muy importante en la resolución de esta clase de conflictos es lograr el balance entre las necesidades de independencia que tiene cada parte y las necesidades de interdependencia que tienen ambos (Dicks, 1967). Que ambos miembros de la pareja estén conscientes de las razones conscientes e inconscientes que los mantienen juntos, de las condiciones cambiantes del pacto que los une y de la manera en que han logrado resolver sus conflictos anteriores es muy importante para la resolución de esta clase de crisis.

Reconocer que se ha traicionado la lealtad es un principio para que el otro pueda procesar sus resentimientos. También habrán de surgir nuevas formas de compromiso de parte del o de los infieles, como es mantener mayor comunicación e información acerca de la vida del otro y mantener un nuevo ejercicio de conductas que lleven a una mayor salud mental de la pareja, lo cual implica un compromiso individual de cada uno hacia el desarrollo humano y espiritual propio.

Hoy se hace manifiesta esa incapacidad de las parejas para procesar adecuadamente sus pasiones y emociones. No se entiende lo que el otro dice y se prefiere huir antes de tratar de comprender. Quedarse en una relación implica escuchar. En estos nuevos tiempos, es menos extraño que la gente no se “comprometa” a vivir en pareja. ¿Debemos los psicoterapeutas justificar esta clase de soledad?

Ya que hay casos de infidelidad por no saber manejar el rechazo, la psicoterapia que trabaja en la resolución de esta problemática tiene que ver con el desarrollo de la tolerancia al rechazo de las personas que han sido infieles.

Sentir que se vive de manera empática en el corazón del otro (Graham, 2013) puede mejorar la relación e inhibir la infidelidad. Las parejas que superan crisis, ya sea de infidelidad o de otra índole deben tener capacidad de sentir compasión por el otro.

 

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