Psicoterapia para el camino

La Agresión en la Pareja: Situaciones Conflictivas

Andrés Tovilla Sáenz

Existe una serie de expectativas de cada miembro de la pareja cuando ésta se forma.  La explicación de la adaptación a la vida en pareja no puede explicarse de manera simplista en el continuum amor – odio.  Las buenas expectativas se reducen cuando empieza a surgir la agresión.

Cada pareja tiene su propio estilo vincular.  Acá se presentan una serie de problemas de la pareja que en un momento dado generan crisis que llevan a la caducidad del amor.  Aunque las parejas aparenten concierto, muchas veces cargan con un gran peso de disfuncionalidad.  Hay que empezar por preguntarse ¿Por qué se constituye una pareja? Tal vez el ser humano cuenta con un equipamiento instintivo que así lo impone. No sólo con afanes reproductivos, sino también por la necesidad de tener una interdependencia para sobrevivir.

La violencia psicológica en la pareja consiste en tener actitudes de abuso emocional, como son insultos, devaluaciones, humillaciones constantes, intimidación, destrucción de cosas apreciadas o íntimas, amenazas de llevarse a los niños, acoso cuando se hayan o no separado y otras conductas en las que se causa una gran angustia a quien la sufre y en donde existen casos en los que el perpetrador. A continuación se enumeran algunas de las situaciones en las que la agresión emerge en la vida conyugal y que son oportunidades para reconstruirla y desarrollarla:

  1. Tiempo cooperativo, tiempo compartido, tiempo familiar y tiempo individual

Compartir el tiempo es importante, pero una de las ventajas de vivir en pareja es que las actividades de sobrevivencia se pueden dividir entre dos (Vernon, 2010). Mientras uno trabaja en casa el otro puede buscar el sustento fuera y esta es la base de la conformación de la familia humana.

Una de dichas expectativas debiera ser tener tiempo para uno mismo, por fuera de la vida en pareja. De hecho, la sociedad construye espacios para que los miembros de una pareja disfruten de tiempo libre sin la concurrencia del consorte. Pero puede suceder que cada miembro de la pareja tenga una concepción diferente sobre lo que es pasar tiempo juntos.

La forma en que las responsabilidades cooperativas y el tiempo en

Jorge C. un paciente de 36 años, se quejaba de que su pareja no reconocía el tiempo que él dedicaba a la casa y que ésta siempre le reprochaba irresponsabilidad.

  1. Lidiar con el rechazo y procesarlo positivamente

El sentirse rechazado es algo que puede conectar al sujeto que así lo percibe con los rechazos tempranos, tal vez involuntarios por parte de quien lo cuidaba en la infancia.

Existe el fundamento patológico que proporciona la teoría del masoquismo moral (Freud, 1924). La persona rechazada, puede sufrir y gozar el rechazo, éste último le produce cierta ganancia que apoya decisiones que le confirman algo que cree que siempre ha ocurrido: que no es digno de ser querido.  El deseo de castigo inconsciente, que se busca para pagar culpas pasadas, incluso aunque no haya habido responsabilidad influye en la permisividad de la violencia psicológica del otro.

Sentirse rechazado puede activar dichas percepciones negativas de sí mismo contra las que se lucha de aluna manera poco adaptativa.  Desde la perspectiva masculina, machista, adherida a una cultura patriarcal, el rechazo al dominio fálico por parte de una mujer que ya no está dispuesta a someterse masoquistamente, puede causar depresión y la lucha maníaca contra ella puede provocar el surgimiento de violencia.

La inhibición del mito del rapto, violación y posesión de la consorte puede causar frustración inconsciente  (Person, 1986) si no se acepta que esa condición machista ya no puede ni debe darse. Este es un rechazo que va más allá del rechazo del incumplimiento edípico que el infante en su momento percibe.

El masoquismo moral, producto de las prohibiciones que los padres hicieron bajo amenazas, muchas veces cumplidas, es muchas veces lo que impulsa a buscar un cierto tipo de relación, pues inconscientemente se busca ser castigado para sentirse amado. Sufrir para ser amado. En razón de los sentimientos de culpa inconscientes, sufrir bajo la voluntad discrecional de un introyecto castigador equivale a recuperar el amor del objeto y la unión con él; de este modo, la agresión queda absorbida en el amor (Kernberg, 2000). La creencia persistente de que se es rechazado debido a condiciones de género, raza, nacionalidad, discapacidad, cultura, inteligencia, no ayuda a una buena percepción de sí mismo.

  1. Cuando un miembro de la pareja es adicto al sufrimiento.

Las personas que sufren abuso sexual en la infancia son más propensas a recibir abusos psicológicos, físicos y sexuales durante la edad adulta (DiLillo, D., Jaffe, et. al. 2016). Es como si existiera una búsqueda inconsciente de ser revictimizado, para en una nueva oportunidad resolver el abuso de manera provechosa.

La relación afectiva, ya sea amorosa o de cualquier otro tipo, es un recurso del sujeto que pretende ser mejor persona, o en otras palabras, para obtener valía a través del vínculo con el otro, puede haber una sensación de pérdida. Es común que ante el sufrimiento de sentirse en minusvalía, la persona se proteja, evitando establecer vínculos de compromiso, en una especie de castigo por lo que se perderá, como si uno fuera culpable de que el otro muera, se despida, o simplemente se ausente. Las posibilidades son múltiples, pero podrían resumirse en la siguiente serie: miedo al amor » provocación de rechazo » obtención de rechazo » soledad, sufrimiento y necesidad del otro. Pudiera existir la manipulación del rechazo para justificar el abandono. Esto complica la experiencia de amar. Para quien teme comprometerse, el dolor de la posible falta es constante, como constante la necesidad de evitarlo (Tovilla, 2016).

Las personas no dejan a quien las maltratan por muchas causas, entre las cuales se encuentran:

  1. Miedo a la venganza.
  2. Falta de medios alternativos de sostén económico.
  3. Preocupación acerca de los hijos.
  4. Falta de apoyo social, familiar o de amistades.
  5. El estigma o miedo de perder la custodia de los hijos asociado al divorcio.
  6. El amor por la pareja con la esperanza de que algún día cambiará.

Sin embargo, es muy probable que en la medida en que los episodios de violencia se multipliquen, será más probable la separación (Davidson y Beck, 2016).

  1. La crisis de la infidelidad.

Las parejas siempre sufren las acechanzas o tentaciones de formar triángulos. Hay miembros de la pareja que no pueden superar o perdonar esta clase de “traición”. Descubrir la infidelidad en la pareja tiene un efecto traumático.

La finalización de una relación se puede dar por el surgimiento o descubrimiento de la infidelidad. El desengaño existirá siempre acerca del comportamiento del otro miembro de la pareja.

Cuando se cree que se ha elegido a alguien por cualidades deseadas que luego no resultan reales, puede haber mucha frustración en la que se culpe al otro por la insatisfacción. ¿Cómo cobrar esa factura?

Sufrir la infidelidad es dolorosa y el infiel muchas veces tiene esa conducta como una venganza ante la agresión no procesada en la pareja, debido a la falta de cumplpimiento de expectativas. Prevenir la infidelidad mediante la metabolización de la agresión es de la mayor importancia en la vida de pareja.

  1. La renovación constante del contrato de pareja.

Las parejas cuando se constituyen establecen un contrato tácito que se renegocia constantemente. Renegociar sus términos implica el intercambio de agresiones. Uno de los elementos que lo reformulan es el roce agresivo constante entre ambos.

En muchos casos la frustración que produce conductas agresivas en la pareja se relaciona con la incompatibilidad de ideales (Grier, 2011). Pero esta discrepancia, cuando se manifiesta abiertamente puede ser la puerta a soluciones para una vida de pareja más constructiva.

  1. Los conflictos por la educación de los hijos.

Los buenos acuerdos de pareja producen hijos socialmente eficaces  (Lindsey y  Mize, 2001). Las proyecciones narcisistas en los hijos pueden estar diferenciadas en una pareja. Es decir un cónyuge idealiza la forma en que debiera ser su hijo, mientras que el otro tiene una visión distinta. Esto puede constituir una fuente importante de agresión.

Muchas parejas se atan a un ideal de armonía perfecta y perpetua y no son capaces de percibir que se están forzando el uno al otro e incluso a las personas de su alrededor, como pueden ser los hijos, a lograr un ideal, que si bien es superficialmente atractivo, en realidad viene a ser una imposición destructiva para el otro.

  1. El control, la Sensación de Triunfo y el Desprecio.

Existen formas en que el inconsciente manifiesta su frustración en la relación e incluso el odio.  La violencia controladora de tipo psicológico describe a un miembro de la pareja que ejerce control con alguien que no quisiera permitirlo, resultando que un esposo puede controlar las conductas y relaciones de la esposa. Esto implica restringir, aislar e impedir el ejercicio de la libertad a la pareja. Esta situación puede escalar y producir heridas psicológicas severas que pueden implicar los síntomas asociados al estrés postraumático.

Por ejemplo, se controla el atuendo, la forma de hablar, las visitas a la familia de origen, las llamadas, mensajes y comunicaciones en celular y redes sociales,

Las personas narcisistas, dados sus sentimientos inconscientes de minusvalía o de pérdida del ideal buscado en la pareja, tienen un gozo especial cuando creen que triunfan en una situación con ella.   El desprecio es un mecanismo psicológico y se maneja como violencia psicológica para no sentir inferioridad.

  1. Lo justo en la pareja.

Existe en la pareja un constante fingimiento. A veces se calla y otras se aparenta. Pero luego hay queja por la injusticia y por el silencio.

En las relaciones de pareja, la equidad tiene un rol muy importante (Padilla y Rodríguez, 2009). Una posible solución que se da de manera superficial para lograr mantener el ideal es manejarse fusionados en la búsqueda de esa “meta común”, negando cualquier forma diferente de pensar, aunque cualquiera de los dos cónyuges guarde reservas sobre esas metas aparentes y no las manifieste.

  1. Davidson, R. D., & Beck, C. J. A. (2016, November 28). Using Couple-Level Patterns of Intimate Partner Violence to Predict Divorce Outcomes. Psychology, Public Policy, and Law. Advance online publication. http://dx.doi.org/10.1037/law0000106
  2. DiLillo, D., Jaffe, A. E., Watkins, L. E., Peugh, J., Kras, A., & Campbell, C. (2016). The occurrence and traumatic impact of sexual revictimization in newlywed couples. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 5(4), 212-225. http://dx.doi.org/10.1037/cfp0000067
  3. Freud, S. (1924). El Problema Económico del Masoquismo. Obras Completas. T. 2. Buenos Aires, Amorrortu, 1989.
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  6. Kernberg, O. (2000): Relaciones Amorosas, Barcelona, Paidós.
  7. Lindsey, E., & Mize, J. (2001). Interparental Agreement, Parent-Child Responsiveness, and Children’s Peer Competence. Family Relations, 50(4), 348-354. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/585793
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  9. Padilla-Díaz, M. y Rodríguez Del Toro  V. (2009).  Las Prácticas de Equidad en un Grupo de Parejas Heterosexuales en Puerto Rico. Revista Interamericana de Psicología, 2009, Vol. 43, Num. 1 pp. 84-90
  10. Person, E.S. (1986). Male Sexuality and Power. Psychoanal. Inq., 6:3-25.
  11. Socarides, C.W. (1958). The Function of Moral Masochism: With Special Reference to the Defence Processes. Int. J. Psycho-Anal., 39:587-597.
  12. Tovilla, A. (2016). El Duelo Interminable. México s/e.
  13. Vernon, V. (2010).  Marriage: for love, for money…and for time? Review of Economic Household 8:433–457 DOI 10.1007/s11150-009-9086-1

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