Psicoterapia para el camino

La Educación de la Pareja en las Relaciones Tóxicas

Agresión en la vida de la pareja.

Andrés Tovilla Sáenz

 

La falta de verdad en la pareja puede hacer que la agresión crezca en una relación. Siempre hay desengaños, pero cuando la sorpresa que causa la deshonestidad del otro sobrepasa cualquier situación previa, surgen el resentimiento y el odio. ¿Puede haber una manera de superarlos? Aquí la pareja ya ha llegado a un conflicto de difícil solución. Algo que surgió porque no se previno, pero que tal vez aún se pueda resolver.

La soberbia implica falsedad primordialmente para sí mismo y es un defecto de carácter inherente a la condición humana. El sentimiento de ser ajeno a la naturaleza, produce la soberbia (Thornton, 2002) y esto está presente en toda relación humana. Allí la soberbia está dada por sentirse superior al otro; en la pareja por soberbia se pretende devaluar y ningunear al otro, muchas veces acusándolo de tener una condición inferior. Usan el saber cómo “medio de dominación y por el gusto que produce lucir el poder del saber” (Bartra, 2013).

En la vida posmoderna, se ha llegado a afirmar que la individualización de las personas que se unen para vivir en pareja pero que mantienen una parte de sus vidas “aparte” tiende cada vez más a vulnerar la vida del “nosotros como pareja” (Eldén, 2012). Muchas de las intervenciones en la terapia de pareja tienen que ver con retornar a la concepción de una pareja más equitativa, que abandone los roles individualistas e incluso narcisistas.

El perdón es importante, pero se debe elaborar de manera mutua. De hecho, hay que corregir al vínculo con un nuevo proyecto de pareja a largo plazo que no parta de la necesidad de mantenerse juntos “a fuerza”. Es difícil transformar la ira que producen las agresiones que se consideran muy ofensivas. No sobrepasar dichas emociones trae como resultado el desamor, el rechazo a quien alguna vez se quiso.

Para que haya perdón debe haber compromiso mutuo. Dicho compromiso se encuentra asociado a la humildad (Farrell, et. al., 2015), que es el anverso de la soberbia. El perdón se otorga si se percibe humildad en quien lo percibe.

La humildad hace un llamado reflexivo a lo que se aloja en las profundidades de la personalidad: el comportamiento altruista. Solamente así ha evolucionado el hombre y se abrió camino en la evolución sobre las especies depredadoras. Esta virtud o valor tiene que ver con un agudo sentido del auto concepto (autoestima), relacionado con un equilibrado sentido de las fortalezas y debilidades, es decir, menos arrogancia y mayor conciencia del valor de los demás.

La humildad es la aproximación más intensa que hace el individuo hacia sí mismo acerca de la calidad de la relación con todo lo que le rodea. Para reconocer la humildad en sí mismo, se tiene que pasar por un trabajo interno ya sea voluntario o no. Ser humilde implica agradecer. La gratitud es otra virtud o valor que debe existir en una relación de pareja.

Pero la humildad también está en no permitir la violencia, incluso la psicológica. Hay veces en que la relación ha caducado y la violencia no se hace esperar. Ya no se podría seguir si no se resuelve la controversia de una forma pacífica y tolerante. Pero llega es momento en el que la agresión supera toda posibilidad. ¿Qué hacer?

Pero las relaciones de pareja, debido a la agresión no procesada, caducan. “El amor acaba” y no es por aburrimiento, sino por exceso de agresión. Para no sufrir en la próxima relación y tal vez, próximo rompimiento, es necesario entender el por qué no se pudo procesar esta agresión que se producía entre ambos miembros de la pareja anterior. Aquí puede ayudar la psicoterapia.

Una de las maneras de no procesar la agresión es guardar secretos. Y es que los miembros de la pareja se guardan cosas tanto íntimas y propias de cada quien, como el odio cotidiano que se produce cuando el otro no hace lo que el yo quiere o el odio que se produce cuando se recibe agresión pasiva del otro. Esto se acumula e incluso pudiera ser causa de depresión; pues si la agresión se almacena la persona se deprime.

¿Cómo sacar esta agresión?

¿Cuáles son el lugar, la forma y el momento apropiados?

¿Cuál es la mejor forma de saber que ya no se puede seguir tolerando la agresión?

Es claro que la agresión pasiva es una de las agresiones que son negadas y por ello representan dificultad para procesarlas en pareja. Este procesamiento pudiera provenir de una educación enriquecedora para la pareja, que se recomienda sobre todo en parejas que sufren de una desvitalización o apatía para continuar o viven conflictos que parecen insuperables. Esta intervención educativa debiera darse incluso más allá de lo que pudiera ser solamente una intervención psicoterapéutica (De María. 2005).

Las parejas no parecen ver los beneficios de educarse como tales a fin de prever posibles conflictos en el futuro. Algunas demandan atención terapéutica pero solamente cuando los problemas parecen insalvables o existen consecuencias severas de los conflictos que se viven. Este tipo de intervenciones tiene como objetivo primordial más que prevenir la ruptura, reducir factores de riesgo e incrementar la calidad de vida de las familiar (Hidalgo, Rivera, Cumsille, et. al., 2015).

De modo que una educación preventiva para las parejas podría conducir a que existiera mayor integridad y humildad entre sus miembros y que los comportamientos arrogantes y devaluatorios del uno al otro disminuyeran. Aprender formas razonables y sanas de resolver conflictos y abandonar expectativas irreales acerca del compañero son temas que deberán tratarse en un modelo educativo de pareja.

Abundando en la educación preventiva de conflictos de pareja que puede proveer un terapeuta calificado, la mayoría de las parejas en proceso de comprometerse no consideran acudir con un profesional de la salud mental antes de casarse, incluso si tienen problemas o patrones manifiestos que hacen prever conflictos que amenacen su felicidad y estabilidad. De allí que las parejas en formación pudieran también requerir cierto enfoque educativo (Markman y  Halford, 2005)

 

 

  1. Bartra, R. (2013). El Saber y la Soberbia. Letras Libres. 11 septiembre 2013. http://www.letraslibres.com/mexico-espana/el-saber-y-la-soberbia consultada el 6 de septiembre de 2016.
  2. De María, R. (2005). Distressed Couples and Marriage Education. Family Relations, 54(2), 242-253. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/40005252
  3. Eldén, S. (2012). Scripts for the ‘good couple’: Individualization and the reproduction of gender inequality. Acta Sociologica, 55(1), 3-18. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/23250506
  4. Farrell, J. E., Hook, J. N., Ramos, M., Davis, D. E., Van Tongeren, D. R., & Ruiz, J. M. (2015). Humility and relationship outcomes in couples: The mediating role of commitment. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 4(1), 14-26. http://dx.doi.org/10.1037/cfp0000033
  5. Hidalgo, Carmen Gloria; Rivera, Diana; Domínguez, Carmen; Cumsille, Patricio; (2015). Los Programas Educativos para Parejas y Matrimonios: una nueva propuesta clínica para Chile. Terapia Psicológica, . 13-21.
  6. Markman, H. J., & Halford, W. K. (2005). International Perspectives on Couple Relationship Education. Family Process, 44(2), 139-146.
  7. Thornton, Bruce S.. Plagues of the Mind : A New Epidemic of False Knowledge. Wilmington, US: Intercollegiate Studies Institute, 2002. ProQuest ebrary. Web. 30 August 2016.

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