Mamás de bebés: recuperar el bienestar. Parte III

Criar bebés puede ser arduo. Usualmente son las mamás quienes se encargan de hacerlo. A la larga, algunas se sienten agotadas y abrumadas. Si es tu caso, aquí encontrarás algunas ideas para recuperar el bienestar.

Lo primero es seguir, en la medida de lo posible, las recomendaciones que ayudarían a cualquier persona a salir bien librada de una temporada de estrés: esas recomendaciones comunes para tener una vida saludable: llevar una dieta balanceada, beber agua, hacer ejercicio con aprobación médica y dar espacio para las actividades relajantes y divertidas.

Lo segundo es buscar, procurar y aceptar el apoyo necesario, para lo cual hay que distinguir qué es lo necesario en el caso de cada cual. ¿Un abrazo? ¿Conversar? ¿Una almohada? ¿Que alguien más cuide al bebé un rato? A veces hay que pedir ayuda explícitamente. Es bueno dar oportunidad a los demás de mostrar consideración y generosidad: así se hace un mundo mejor.  

A menudo no basta con la red de apoyo familiar; sobre todo porque los miembros de la familia están más o menos implicados en la marea emocional que vive la mamá. Es especialmente enriquecedor contar con una red de apoyo formada por otras mamás de bebés o de niños pequeños. “Descubrimos así que no estamos tan solas, que los temores y las preocupaciones son similares y que intercambiar experiencias nos fortalece” (Gutman, s. f., p. 29).

El problema es que a menudo, la mamá de un bebé no tiene tiempo ni energía para adoptar hábitos más saludables o para asistir a las reuniones de un grupo; es decir: no tiene tiempo ni energía para cuidarse a sí misma. Estar en condiciones de cuidarse a sí misma a veces es un logro que llega después de un proceso de “reenfoque”.

A continuación encontrarás cuatro ideas para tener un enfoque hacia el bienestar.   

Conocer a tu bebé.- El bebé que nace no es el bebé soñado, no es el bebé esperado; no puede serlo: es el bebé que es. Asumir que no se le conoce es una forma respetuosa de reconocer su singularidad. Por supuesto que en el caso de las mamás biológicas hay una relación con la cría desde el embarazo: se le conoce “de alguna manera”; pero no se conoce realmente su temperamento o sus preferencias hasta que se le presta verdadera atención a sus gestos, sus ruidos y sus reacciones. Es increíble que a veces los adultos no se den cuenta de que ese bebé en particular no disfruta de los juegos bruscos o que ese otro bebé necesita mayor espacio para moverse. Saber que conoces a tu bebé te da seguridad para tomar decisiones. Para conocerlo hace falta más o menos lo mismo que para conocer a personas mayores: mirarle y escucharle atentamente, con disposición a encontrar algo diferente a lo que se creía.

Conocerte como mamá de ese bebé.- Tal vez querías ser una mamá de ensueño, pero ninguna mamá real lo es, al menos no todo el tiempo. Tal vez eres diferente con el segundo o tercer hijo porque tus prioridades, gustos o posibilidades han cambiado. ¡Y porque ese segundo o tercer hijo es diferente al primero o a los primeros! Conocerte es el primer paso para aceptar y valorar la mamá que eres, lo que a su vez es fundamental para confiar en ti misma al tomar decisiones, eliminar culpas inútiles cuando algo no resulta como habría sido deseable y dejar pasar los múltiples inconvenientes de la cotidianidad. Este conocimiento se logra, por ejemplo, dando espacio a todos los sentimientos (sin negarlos, sin evadirlos) para tomar conciencia de a qué están asociados, también considerando qué ideas hay detrás de nuestros actos y analizando de dónde las sacamos.

Tener perspectiva a largo plazo.- Por más que se oiga que los niños crecen muy rápido, no deja de ser sorprendente notarlo. En medio de los cólicos nocturnos, en medio de las molestias por la dentición, cuando ya se desplazan y hay que estar detrás de ellos todo el tiempo o cuando han tirado comida al piso por enésima vez, conviene recordar que esta etapa pasará y confiar en que sí: aprenderá lo que necesita aprender, con calma. Define qué es lo importante y concéntrate en eso. Probablemente reduzcas el esfuerzo que has estado haciendo, si dejas que el bebé no siempre esté impecable de limpio, por ejemplo.  

Autorizarte.- Eres la persona a cargo. Siempre puedes aprender sobre desarrollo infantil y consultar expertos para resolver cuestiones específicas; pero eres la experta en tu modo de criar y en tu relación con tu bebé. Si has decidido o han decidido que lo mejor para ti o para ustedes es determinada práctica, no tienes por qué estar justificándolo, ni dando explicaciones, ni oyendo sugerencias no solicitadas. Esto no significa no escuchar a ninguna persona en ningún momento; significa tratarte a ti misma con el respeto que merece la persona que está a cargo. ¡Ponte de tu parte! [Seguro tu bebé está de tu parte.]

El bienestar trasciende el estado de ánimo; no se trata de estar imperturbablemente contenta sino de estar satisfecha con la vida (Victoria y González, 2000). Se puede construir y se puede recuperar si se ha perdido; incluso criando bebés que encuentran el modo de ponerse en peligro durante los cinco segundos que se les ha perdido de vista. Solo hay que cambiar el enfoque para que el bienestar quede en la mira.  

 

Referencias:
Gutman, L. (S. f.). La maternidad y el encuentro con la propia sombra. S. d.  
Victoria, C. y González, I. (2000). La categoría de bienestar psicológico: Su relación con otras categorías sociales. Revista Cubana de Medicina General Integral, 16, 6, 586-592. Recuperado de: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252000000600010&lng=es&tlng=pt.  

 

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