Lo Ominoso y lo Esperanzador en la Relación de Pareja

Cuando se está en pareja, hay momentos en que se espera lo peor y lo mejor. Depende bastante de cuál es el significado que le demos a experiencias pasadas y si las hemos podido pasar por ciertos filtros emocionales.

Lo ominoso es esperar que algo malo va a ocurrir debido a una lógica negativa que pretende que lo malo que ocurrió antes siempre podrá volver a ocurrir. Es estar esperando que llegue lo mortal que acabe con el amor, es la expectativa del dolor. A veces se le intuye porque en el pasado se han obtenido ganancias de los hechos desafortunados.

La esperanza es creer firmemente que mejores cosas están por venir. En la cura de la psicopatología y en la promoción de la salud mental, es importante poner atención en la esperanza. Cuando se busca literatura psicoanalítica escrita al respecto, se encuentra poco (Boris, 1976). La esperanza está conectada con el optimismo que en algún momento de la vida temprana se instaló en el infante. En el tema de las relaciones de pareja, un niño que observa que existen grandes conflictos e incluso ruptura en sus padres, puede generarse, en vez de esperanza, ominosidad, en las relaciones que emprenda.

Cuando se tienen repetidos rompimientos de pareja que se agregan a los conflictos y fracasos sentimentales de los padres, con vivencias disruptivas que incluso pueden ser traumáticas, se puede esperar que en una nueva relación también ocurra. Esto es ominoso y puede generar angustia (Freud, 1919). Lo ominoso es una muestra clara de premonición del principio de la “compulsión a la repetición”, que Freud en 1920 señaló en “Más allá del Principio del Placer”: ponerse inconscientemente en situaciones penosas similares a las que ya se han vivido con anterioridad (Laplanche y Pontalis, 1967).

Es algo que retorna de lo que está reprimido en el inconsciente y que fue traumático. Puede ser una representación de un modelo trágico y violento de una escenificación de pareja destructiva como pudieron haber sido los padres. Para Freud, (1919: 248),

…lo ominoso del vivenciar se produce cuando unos complejos infantiles reprimidos son reanimados por una impresión, o cuando parecen ser reafirmados por unas convicciones primitivas superada.

 

Lo ominoso puede ser un “aviso terrorífico” de que se está ante una situación compulsiva de repetir situaciones negativas de otras relaciones, propias o de objetos significativos, de que se habrán de sufrir de nuevo bajo otra representación. Cuando surge esta emoción, pareciera que se está esperando que la tragedia se cuele imperceptiblemente. No se sabe por dónde.

Ya que “El psicoanálisis no niega su propio tiempo, es más, es producto de su época, sin embargo, revela el enlace estructural entre los lenguajes primitivos y el mundo simbólico actual a través del mito (Romo, 2016: 56)”, es importante explorar los mitos para dilucidar lo que está más profundamente arraigado en la psique humana. Pero no hay que quedarse en el mito psicoanalítico más superficial o sea el Edipo, sino que vale la pena observar otros que en el caso de lo ominoso y lo esperanzador den mayor luz a lo que pasa en las vivencias de pareja.

La expectativa de que algo terrible ocurrirá o de que hay un elemento mortal y destructivo acechando es siempre parte de la mitología. Por ejemplo el mito de los muertos vivientes que acechan la felicidad de una comunidad, como es el caso de Frankestein de Mary Shelley o toda la nueva “Cultura Zombie” que se ha impregnado en las creencias posmodernas. “Nuestra felicidad se verá afectada por ese elemento ominoso”, pareciera que es el pensamiento obsesivo que se infiltra y que no llega a faltar en una relación amorosa. Incluso los mitos que se significan en las películas de amor que se producen por todo el mundo así lo muestran; pues se construyen guiones en los que la expectativa que produce emoción en los espectadores es que la pareja protagonista jamás llegue a recuperar el amor.

En la película “Mother” de Darren Aronofsky (2017) la esposa de un poeta carente de inspiración teme que lo peor ocurra a su vida matrimonial cuando aparece una familia a hospedarse a su casa. El encuentro inicia con un accidente casero en el que ambas mujeres se queman con el mismo sartén, desde ahí reaparece lo ominoso que replica un incendio que ocurrió al poeta en el que perdió todo. La esposa ha internalizado la ominosidad de su pareja y espera cualquier oportunidad para comprobarla.

Lo ominoso contribuye a que la relación sea tóxica. Implica una noción de que algo terrible, llegado del afuera ocurrirá a lo que está produciendo placer. Esto envenena en todo momento la relación. Es la seguridad de que prono asomará lo displacentero. “Es tan bueno todo esto, que sé que no podrá durar”, ha dicho un paciente que después de un año de separación matrimonial encuentra a una mujer con la que está teniendo una pasión intensa, llena de actividades atractivas. Se puede haber sentido un inmenso placer, pero de pronto, sobreviene la intuición de que todo se vendrá abajo, que no se podrá sostener lo bueno, pues ya en el pasado ha ocurrido su extinción. Freud (1919: 240) señala que “…esto ominoso no es efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar de antiguo a la vida anímica, sólo enajenado de ella por el proceso de la represión…”. Es decir, ya hay algo que hace presentir que lo terrible ocurrirá.

Otra paciente, después de un viaje muy agradable con una nueva pareja, a la que ha encontrado después de 2 años de relaciones de corta duración fallidas, empieza a buscar situaciones en las que el hombre no se corresponde a ciertos ideales feministas ortodoxos, a los que ella no está propiamente adherida, ni forman parte de su identidad y le empieza a reprochar de manera constante cualquier desviación a esos principios, lo cual a él lo desconcierta y enoja. “Yo no estoy para soportar esas frases machistas”, prefiero estar sola, sé que no voy a encontrar a nadie que piense como yo”, dice la paciente, mientras de forma ambivalente se lamenta su incapacidad de formar relaciones duraderas. El mensaje repetitivo de fracaso instilado por su madre después de su primer divorcio, consonante con el maltrato infantil infligido por la misma progenitora, quien la devalúo toda la vida, al grado que afectó negativamente la percepción de sí misma, se infiltran desde lo reprimido y que “de manera impensada, sale a la luz (Schreck, 2011: 70)”.  No se saldrá de esta serie de fracasos amorosos continuos mientras no se internalice que se es capaz de confrontar a la madre internalizada para perdonarla por los maltratos, pero también para demostrarle todos los aspectos positivos que la paciente se ha reconocido durante el análisis.

Lo ominoso está relacionado con la depresión. Un conjunto de pensamientos negativos constantes representa un estado melancólico, por lo que esperar que una relación termine mal, implica darle entrada a la depresión. La devaluación que puede tenerse de sí mismo, se puede proyectar en la pareja y a ésta se le percibe disminuida; cuando esto se le expresa, incluso con desilusión, ésta puede enojarse y confundirse, puesto que esta concepción de la que se tiene de sí mismo.

También existen núcleos paranoicos importantes en lo ominoso, puesto que se está esperando que haya un daño proveniente de un elemento relacionado con la muerte de fuera. Una excesiva tendencia a la proyección de rasgos malignos que son indeseables para el sí mismo, en personas a las que se les otorga un poder excesivo, en este caso la pareja. Se espera lo peor de ella, entre otras cosas la infidelidad, por lo que surgen los celos patológicos. En esta situación, es imposible comprender, tener empatía o sentir compasión por el compañero.

Lo ominoso se relaciona con el masoquismo en la medida en que reproduce, al igual que éste, una “serie de experiencias traumáticas actuales, infantiles y heredadas que se internalizan y compelen al sufrimiento y la destrucción (Treszezamsky, 2015)”. El masoquista espera el daño porque de él ha obtenido ganancias.

Cuando se ha encontrado el amor y la felicidad en otras pasiones, puede esperarse que lo bueno vuelva a ocurrir. Esto es lo esperanzador y hay que sostenerlo. Se debiera esperar que si se continúan las buenas experiencias entre ambos miembros de la pareja, estas se repitan. Pero de pronto ocurre que el pensamiento ominoso lleva a uno de los miembros de la pareja a insertar temas negativos, críticas destructivas y desagrado manifiesto ante situaciones que parecieran difíciles de aceptar.

Sin duda en la relación de pareja hay una lucha de poder, en ella no se encuentra la esperanza, sino solamente lo ominoso. Pero en la pasión, que a veces suele ser violenta, sí que hay esperanza de gozar y amar. De ello se alimenta, de una expectativa alcanzable y placentera de la que se tiene la seguridad de ser alcanzada.

La esperanza es un estado motivacional positivo basado en un sentido interactivo de logro exitoso de voluntades y caminos para llegar a ciertas metas (Snyder, 2002). Se trata de un pensamiento dirigido en el que se perciben rutas seguras para lograr las metas positivas deseadas (Lopez, Snyder y Pedrotti, 2003), ¿Cuáles son las metas plausibles en una relación de pareja? La esperanza que el mutuo deseo promueve es lo que da inicio a una relación.

El mito de Pandora relata que lo único que no escapó de la caja que abrió fue la esperanza. En la sabiduría popular se dice que “la esperanza muere al último”. Esto hace ver que en el fondo, existe una cuota de esperanza que se atesora ante cualquier vicisitud existencial. Cuando la relación de pareja sobrepasa una etapa idealizadora, es como si se abriera esa mítica caja y salen a escena muchas dificultades que han de superarse, quedando la esperanza para poder lidiar con ellas. Este mito garantiza la convivencia social y la de pareja en la medida en que muestra que siempre debe esperarse que salga la esperanza a confrontar a las emociones negativas.

La esperanza debe ser expresada mutuamente y llevar a concebir la forma en que se lograrán metas plausibles de manera interdependiente. Si no hay esperanza, la relación se encuentra sustentada en condiciones neuróticas en las que la agresión ha de predominar.

Los cambios de roles en la mujer y el hombre en esta época posmoderna (Sánchez Escárcega, 2008), movilizan las esperanzas de las parejas que se constituyen de muchas maneras. Por ejemplo, el surgimiento de una oferta inmobiliaria particular de espacios habitacionales unipersonales, el boom de las mascotas, la queja recurrente de los novios y novias de que su pareja no se puede comprometer a una relación duradera, la posposición de planes matrimoniales ad infinitum, la prolongación de la vida dependiente de los padres en personas solteras y otras variables caracterizan este rol de persona resistente a vivir con una pareja bajo el mismo techo.

Una esperanza inherente al futuro de la pareja, es que logre desarrollar un “SelfIntersubjetivo (Sánchez Escárcega, 2008), es decir una “envoltura psíquica” de la parerja, que contenga:

  • Disposición emocional compartida en el mismo tono.
  • Una constante y dinámica circulación de fantasías inconscientes.
  • El ejercicio constante de acciones en el terreno de la relación, en el que cada miembro busca ocupar un espacio en la psique del compañero amoroso.

 

En un proceso psicoterapéutico de pareja, el terapeuta debiera ser capaz de hacer consciente a la pareja de este logro como indispensable para la continuación de la relación y que ambos estén seguros de que lo lograrán. Cuando se tiene pareja, hay que tener pensamientos esperanzadores de que se tendrán vivencias positivas constantemente. Estar en pareja es sostener el privilegio de la mirada del otro (Bracchi, 1999).

Incluso la separación debe generar esperanza, pues habiendo aceptado que la pareja se ha disuelto, cabe cuestionarse ¿Cómo hacer para que la separación sea lo suficientemente respetuoso, responsable y protectora hacia uno mismo y hacia los demás en lo más posible?

Pero los eventos de valencia positiva y negativa, en una vida normal de pareja se alternan y entonces ¿Qué debiera esperarse? Lo ominoso tiene que ver con el resentimiento y lo esperanzador con el perdón. Es un resentimiento por alguien odiado del pasado que ahora se manifiesta en la figura de la pareja actual. Lo esperanzador se da en relación al perdón otorgado por el dolor sufrido y por la falta de la relación pasada. En ambos casos puede darse en función de la pérdida de la idealizada relación edípica.

Puede ocurrir entonces que el deseo idealizado de tener una pareja duradera de convivencia diaria, choque con el deseo de vivir soltero. Esto incluso puede ocurrir dentro de la psique de la misma persona, aunque la contradicción puede ser patente entre los miembros de la pareja. La fantasía inconsciente, como representación psíquica de un instinto libidinal de emparejarse, pudiera estarse oponiendo a la fantasía inconsciente de un self que pretende conservar la integridad.

Cuando una relación se basa en principios de satisfacción narcisista en la que cada miembro quiere satisfacer goces egoístas, quien se involucra en una relación de pareja se pregunta “¿Hasta qué extremo pueden exigir el amor y el matrimonio que yo me entregue a mi consorte y hasta qué grado puedo continuar siendo yo mismo en una relación de pareja? (Willi, 1975)”.

Los deseos positivos y la felicidad esperada de ellos cuando una pareja se embarca en la relación, pueden generar consecuencias en el mismo sentido.

 

Referencias
Boris, H.N. (1976). On Hope: Its Nature and Psychotherapy. Int. R. Psycho-Anal., 3:139-150.
Bracchi, L. (1999). Disolución del Vínculo ConyugaL. ¿Acto o Acting? en Puget, J. (Coord.) (1999). La Pareja. Buenos Aires, Paidós.
Freud, S. (1919). Lo Ominoso. En Obras Completas, T. XVII. Buenos Aires, Amorrortu, 1992.
Freud, S. (1919). Más Allá del Principio del Placer. En Obras Completas, T. XVIII. Buenos Aires, Amorrortu, 1992.
Laplanche, J. y Pontalis, J. B. (1967). Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona, Paidós, 1992.
Leonoff, A. (2015). The Good Divorce : A Psychoanalyst’s Exploration of Separation, Divorce, and Childcare. London, United Kingdom: Karnac Books.                                                                                    
Lopez, S. J., Snyder, C. R., & Pedrotti, J. T. (2003). Hope: Many definitions, many measures. In S. J. Lopez & C. R. Snyder (Eds.), Positive psychological assessment: A handbook of models and measures (pp. 91-106). http://dx.doi.org/10.1037/10612-006
Romo, X. (2016). El Amor y el Padre en el Análisis: Clínica y Cine en la Cultura Actual. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid, 2016.
Sánchez Escárcega, J. (2008). Efectos de la Cultura Posmoderna sobre la Pareja. Clínica e Investigación Relacional. Revista electrónica de Psicoterapia. Vol 2 (1). Mayo 2008. Pp 132 – 145. https://www.psicoterapiarelacional.es/Portals/0/eJournalCeIR/V2N1_2008/14_JSEscarcega_Efectos_Cultura_posmoderna_CeIRV2N1.pdf consultada el 26 de enero de 2018.
Scherck, A. (2011). Compulsión de Repetición. La Transferencia como Derivado de la Pulsión de Muerte en la Obra de Freud. México, Asociación Psicoanalítica Mexicana – ETA.
Snyder, C. (2002). Hope Theory: Rainbows in the Mind. Psychological Inquiry, 13(4), 249-275. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/1448867
Treszezamsky, J. (2015). Masoquismo. En Diccionario de Psicoanálisis Argentino. Asociación Psicoanalítica Argentina. 2015.
Willi, J. (1975). La Pareja Humana. Relación y Conflicto. Madrid, Morata, 19913

 

 

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