Psicoterapia para el camino

Soberbia y Orgullo

La soberbia y el orgullo son obstáculos para la felicidad plena. 


La soberbia es enemiga de la felicidad, pues es una condición caracterológica que impide escuchar a los demás en su búsqueda, exitosa o no de la felicidad. Se opone a la realización social de su búsqueda y cancela todo espíritu cooperativo en ese sentido.

 El adicto toca fondo en su búsqueda obsesiva de un estado de felicidad. A veces incluso ya en abstinencia en un programa de recuperación, se equivoca. “…Esa búsqueda de sueños de oro que están formados de las monedas falsas del orgullo (Bill Wilson fundador de AA, 1961). Alcohólicos Anónimos, 1967: 13).

La soberbia es una mala consejera, si se alía a la codicia, peor. El motor de la vida no puede estar en salir de las consecuencias nefastas de los defectos de carácter. La motivación debiera ser lo espiritualmente trascendente. 


La soberbia mete en problemas a las personas y les hace infelices. Por querer tener más a costa de sus defectos, terminan por quedarse afuera de la posibilidad de éxito.   

El deseo constante sin parar en la meditación es una forma de alimentar a la soberbia. Hay que reconocer en la meditación que nadie tiene la razón absoluta sobre nada y que todo éxito  aparente es muy relativo.
La falta de humildad es un obstáculo paralizante. Más allá de la obsesión por lo material, el poder, la afirmación sexual y otras motivaciones superficiales, el ser humano ha encontrado en la vida espiritual un antídoto contra la infelicidad por no tener lo que se desea. 


Los deseos están impuestos en alguna parte de nuestra estructura de personalidad, se desarrollan dentro de nuestra psique como producto de anhelos e identificaciones familiares y sociales. Cuando la soberbia impera, se rechazan los mejores consejos de los seres que le aman. En realidad, quien se aferra a la soberbia tiene necesariamente un trastorno narcisista: sólo piensa en sí mismo y en lo que cree ideal y no realmente que será mejor para él. No toma en cuenta perspectivas diferentes, ni escucha. Siempre cree que tiene la razón. 


Existe la invasión de una falsa dignidad que atenaza al sujeto y que le impide salirse de ciertos principios para tratar con gente diferente. Es cuando la soberbia alimenta a la intolerancia. Se debe reconocer que no existe tal cosa como “felicidad absoluta” al lado de alguien o “rodeado de los demás”. Pero no es para que se rechace al otro y no se le tenga empatía. 


La obsesión por obtener lo que se cree que es bueno desear puede llevar a mucha infelicidad. El relato que cada quien hace de su propio estado de felicidad logrado o anhelado, contribuye a darle validez colectiva y universal al concepto de felicidad (Francese y Kraemer, 2013). Por ello la felicidad verdadera no se logra desde el aislamiento que produce la soberbia. 


El mundo posmoderno narcisista, hiperconsumista, produce una tríada auto obsesiva en la que participan el resentimiento, la agresión y el miedo. Se cancelan relaciones del pasado por el resentimiento de que éstas no cooperaron aparentemente al cumplimiento de los ideales, existe agresión contra quien se percibe como un obstáculo presente a metas egoístas y se tiene miedo de las personas que pudieran aparecer en el futuro a contrariarlas. Muchas relaciones de pareja en la época actual caducan por la incongruencia de esta clase de deseos. Entonces, pareciera que el aislamiento narcisista y el retraimiento a fantasías omnipotentes es una solución para el sujeto que con desmedido afán quiere cumplir sus metas egoístas. Aquí se introduce como solución existencial el tema de la amistad, que involucra la capacidad humana de establecer lazos de relación cooperativos y empáticos en donde todas las partes contribuyen unas con otras para lograr la felicidad.


Con los amigos, se es capaz de darle significado a la vida, pues al narrarse mutuamente sus hechos, se obtiene una retroalimentación significativa (Ramsey y Bliezner, 2012), de un valor que no se encuentra en el aislamiento. Por eso es importante la compañía en las pérdidas. De ahí los ritos funerarios de acompañamiento. No se le deja al amigo solo llorar su pérdida. Esto también hace sentido en los llamados grupos de autoayuda, sobre todo en los de Doce Pasos, en los que se apoya al recién llegado para aceptar una derrota respecto de una condición psicopatológica, para a partir de allí tener un punto de partida para una nueva vida y generar resiliencia para los nuevos retos que han de venir.

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