Psicoterapia para el camino

Violencia juvenil y Narcisismo

En México se está actuando la exhibición de la violencia. Es una manifestación narcisista juvenil, que se compagina con todo el terrorismo delincuencial que asola el país. Desde diciembre de 2006, se desato una “guerra” contra el narcotráfico desde el Estado y esto exacerbó aún más la violencia proveniente de la frustración social.

En el año 2007 se desencadenó en México una crisis de seguridad cuya magnitud hubiese sido inimaginable unos meses atrás. La violencia y el narcotráfico ocuparon el centro de la vida pública, diariamente se hablaba en los medios como en los discursos de los políticos de ejecuciones, matanzas, secuestros y demás acciones sanguinarias y violentas (Pineda, 2014:76).

Un ejemplo: el movimiento musical “Alterado”, un nuevo género que ofrece culto a las balas y a la muerte que surgió en el noroeste de México como resultado de la idealización de la narco cultura.

Existen también representaciones menos violentas pero también destructoras del tejido social como es la filmación de riñas entre jóvenes de cualquier género y su posterior subida a redes sociales, el crecimiento exponencial del fenómeno del bullying, la promoción en los medios de deportes de contacto físico extremo y otras formas de apología de la violencia. Además se promueve una vida hiperactiva como valor social, en el que las bebidas con taurina y el consumo de estimulantes son habituales. Los jóvenes presencian violencia en el hogar, en las calles en la escuela, en los medios. La expresión del instinto agresivo pareciera ser un resultado de todo ello.

¿Cómo puede la sociedad prevenir o controlar esto? ¿Es pertinente preocuparse desde una visión paranoide afín al discurso antiterrorista americano, que busca compulsivamente la seguridad?

En este artículo se genera una propuesta para la psicología social, para un quehacer académico y científico que pueda lograr modificaciones dignas en la conducta social encaminadas a una cultura de la paz. Se postula aquí la hipótesis de que la frustración narcisista a la que se ven impuestos los jóvenes que viven en México, genera una violencia creciente que ya no tiene la contención debida, debido a que un Estado delincuente la favorece para sostenerse en el poder. La frustración genera aspiración narcisistas excesivas que solamente pueden ser paliadas con la violencia. El tener superioridad sobre los pares es un ejercicio que puede tornarse violento. El reconocimiento de una realidad que hace imposible alcanzar ideales que la sociedad hiperconsumista plantea.

Hay sociedades que le dan cauce a la violencia resultante de la frustración poniendo la violencia juvenil al servicio del Estado, en el que los líderes políticos aprovechan la violencia e incluso delincuencia organizada para sostenerse en el poder.

La violencia del Estado está representada por la juventud mexicana. No puede separarse la violencia pública de la privada. El Estado Neoliberal no es ni será ajeno a la violencia y aquí propugnamos por una cultura de la paz, de la no violencia. Sus ejecutores no razonan, como lo ha propuesto Hanna Arendt al hablar de la “Banalidad del Mal” (Zárate, 2012) ¿Es momento de pensar en que la Psicología puede ser determinante para el cambio político? Aquí debemos tener análisis y propuesta de solución al problema.

El pensamiento aristotélico de la Etica Nicomaquea propone que la actividad pública distingue al ser humano y está separada de la vida privada.  Sin embargo, una actividad pública violenta traspasa las paredes del hogar y lleva a la necesidad de una respuesta sana, pacífica, eudamónica,  del individuo que lucha por la felicidad ante un Estado violento.

El trauma queda. Los niños y jóvenes afectados por la violencia, tienen trastocado el desarrollo de la personalidad. Pero el trauma que produce un Estado violento y amenazante es negado socialmente (Puget, 2002). Esta violencia sin duda afecta el inconsciente de las personas y se liga a los instintos agresivos.

Las personas que llegan a consulta psicoanalítica están afectadas por el narcisismo y la violencia. Tienen frustración y miedo, depresión y angustia. Su infelicidad está enraizada en la agresión. Pero no todos buscan soluciones terapéuticas. Los más, encuentran en la expresión violenta o en la cultura que la ensalza un escape de su situación traumática.

 

  1. Pineda, G. (2014). El Baile de la Violencia: Representaciones en Torno al Movimiento Alterado en Tijuana y Los Ángeles. Tesis de Maestría. Tijuana, Colegio de la Frontera Norte.
  2. Puget, J. (2002). The State of Threat and Psychoanalysis: From the Uncanny that Structures to the Uncanny that Alienates. Free Associations, 9:611-648.
  3. Zárate, Y. (2012). ¿Cómo se Comprende la Banalidad del Mal de Hannah Arendt desde el Psicoanalísis?  Tertulia Psicoanalítica. https://tertuliapsicoanalitica.files.wordpress.com/2012/12/una-reflexion-psicoanalc3adtica-sobre-la-banalidad-del-mal-de-hannah-arendt.pdf Consultada el 13 de enero de 2016.

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