10 recomendaciones para construir resiliencia

¿Qué es la resiliencia? Es la capacidad de enfrentar con la menor afectación psicológica posible un evento disruptivo. Es un factor que puede explicar el desarrollo normal e incluso óptimo de algunas personas expuestas a adversidades (Forbes y Fikretoglu, 2018).

Boris Cyrulnik en una entrevista con Madariaga y Arribillaga (Madariaga, 2014: 33 – 34) presenta una de las definiciones más simples como “un proceso que consiste en iniciar un nuevo desarrollo tras periódos de agonía psíquica. Si dicho desarrollo es bueno, entonces se habla de resiliencia…Si estás herido, quizás te van a acompañar y te ayudarán a reanudar tu desarrollo”.  En su libro “Resiliente”, Rick Hanson (2018), habla acerca de la idea psicológica fundamental acerca de que una ruta existencial determinada depende de cómo se manejen los retos, se protegen las vulnerabilidades y se incrementan los recursos y que los recursos mentales como la determinación, la auto – confianza y la amabilidad son lo que hace a una persona resiliente.

A pesar de la vulnerabilidad, se puede ser resiliente y esta cualidad la sociedad debe desarrollarla en todos sus miembros como parte de la educación. Los jóvenes que han tenido éxito en superar adversidades en ambientes complicados, son resilientes, puesto que pudieron reanudar exitosamente su desarrollo. Es importante conocer su testimonio para que sus pares que están expuestos a este tipo de situaciones disruptivas, puedan crecer en resiliencia y se prevengan de las consecuencias de conductas violentas.

Un estado de atención plena acerca de la resiliencia que se posee, puede traducirse en mucha fortaleza en alguna situación complicada. Por ejemplo, uno puede afirmarse: “trata de visualizar como te has sentido cuando has superado otros problemas”. Reconocer qué es lo que ha funcionado produce una remodelación cerebral, un estado de crecimiento progresivo. Esto incluso afecta positivamente la neuroplasticidad cerebral.

La resiliencia se construye, en un proceso auto – reflexivo, de una forma constante y cotidiana.

Esta construcción se da por medio de la generación de vínculos sanos y propicios de bondad, resignificación de las memorias de potencial traumático y una cultura que la auspicie como un elemento clave para dar lugar al desarrollo humano pleno.

A continuación se presentan una serie de recomendaciones para que cualquier joven pueda construir resiliencia:

  1. Mantener la unidad con tus familiares y amigos. Hablar con ellos constantemente. Hay que entender que los padres y otros mayores tienen más experiencia de vida y aunque pareciera que nunca han tenido tu edad, si la tuvieron. Los seres queridos pudieran pensar que el joven está pasando por momentos difíciles y les puede resultar más pesado hablar de ello. No hay que temer expresarse aunque otros opinen aparentemente lo contrario. Hay que mantenerse conectado con la comunidad.
  2. Hay que desprenderse de la apatía. Cuando algo malo pasa, el estrés de la vida cotidiana incrementa la dificultad para vivir. Debido a la explosión hormonal y los cambios físicos, la incertidumbre durante una tragedia o evento disruptivo, pueden agudizar esos cambios. Hay que estar preparado para ello e ir poco a poco.
  3. Tener un espacio propio en el que no se pueda ser interrumpido y pueda estarse libre de ansiedades. Pero hay que entender que no se puede caer en un aislamiento total que sea preocupante para la familia.
  4. Hay que mantenerse apegado a la escuela. Esto implica tener más opciones. Durante tiempos de estrés, diseñar una rutina que disminuya la ansiedad. Se puede estar haciendo muchas cosas nuevas, pero las cosas rutinarias proporcionan confort.
  5. Auto – Cuidado. Hay que estar Seguro de que se están tomando constantemente buenas medidas de auto – cuidado, físico, mental y espiritual.
  6. Retomar el control. Incluso en medio de la tragedia, puede uno moverse hacia adelante, dando un pequeño paso a la vez, por ejemplo, no consumiendo drogas o provocándose daño y asistir a la escuela constantemente. Los malos tiempos pueden hacer que uno sienta que perdió el control, pero este se puede retomar con decisiones y actividades firmes un día a la vez.
  7. Expresarse y manifestarse. La tragedia o los malos tiempos pueden traer consigo un cúmulo de emociones negativas, pero hablar de ellas con alguien, expresarlas por escrito o incluso de forma artística puede ayudar a darle a todo un nuevo significado.
  8. Ayudar a alguien, hacer servicio. Ser voluntario puede generar una sensación de utilidad que ayuda darle sentido a la vida.
  9. Poner las cosas en perspectiva. Eventualmente los malos tiempos terminan, cabe pensar en otras situaciones malas de las que se ha salido y la manera en que se logró: Es importante sentirse capaz de trascender una etapa nefasta.
  10. Apagar la recepción de noticias ominosas. No debe alimentarse una situación pesimista con mayor información pesimista. Vale la pena “apagar” esa fuente de información negativa.  

 

Aunque se ha aprendido a ser resiliente, esto no significa que habrá otros momentos estresantes en la vida. Construir resiliencia es un proceso constante, en el que el edificio existencial se fortifica cada vez más con nuevos significados para una vida útil y feliz.  Si no se pueden realizar por sí solo las recomendaciones enlistadas, es importante considerar la ayuda psicoterapéutica.

Referencias
Forbes, S., y Fikretoglu, D. (2018). Building resilience: The conceptual basis and research evidence for resilience training programs. Review of General Psychology. Advance online publication. http://dx.doi.org/10.1037/gpr0000152
Madariaga, J. M. (2014). Nuevas Miradas sobre la Resiliencia. Ampliando Ámbitos y Prácticas. Barcelona, Gedisa.

 

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