Psicoterapia para el cambio

Después del divorcio

Hay dos poderosas motivaciones de la conducta: la visión de lo que se quiere ser y la visión de lo que se teme ser (Estaun, 2004). Ambas suelen estar presentes, de algún modo, cuando las personas deciden divorciarse; sobre todo, la segunda; finalmente, divorciarse es haber dejado de querer una manera de vivir, un modo de estar.

Por su parte, suele ser vaga la visión de lo que se quiere ser: puede parecer una ensoñación, si nunca se ha considerado seriamente la posibilidad de hacerla realidad. “La mayoría de las personas implicadas en divorcios, consideran de dónde han salido, pero no se plantean a dónde van” (Bohannan, citado por Valdés, 2013). Conviene que inicien un trabajo de introspección que responda a la pregunta: “¿Qué quiero?”

Al poner “final” a una etapa, el divorcio abre la posibilidad de un recomienzo. Es un momento de transformación. No está de más recordar las ilusiones infantiles, revisar las expectativas de la adolescencia y reflexionar en los valores de la juventud; pero sobre todo, reflexionar sobre el presente. La pregunta puede ser: ”¿Para qué quiero la libertad?”

Tal vez resulte especialmente difícil reflexionar y hacer introspección sobre estos temas, en tanto se vive un proceso de duelo, con los sentimientos a flor de piel; pero hacerlo puede aportar un elemento de continuidad a la reorganización identitaria que es parte del divorcio emocional (cf. Valdés, 2003). Puede ser el primer paso en el camino hacia la autorrealización.

Referencias:
Estaun, S. (2004). Perspectiva temporal futura y satisfacción con la vida a lo largo del ciclo vital. [Tesis doctoral]. Barcelona.
Valdés, Y. (2003). Impacto psicológico del divorcio en la mujer. Una nueva visión de un viejo problema.  Recuperado de: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Cuba/cips/20120823041915/valdes1.pdf

 

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