El divorcio y los cambios en la familia

Con el divorcio puede aplicar el dicho de “mal de muchos, consuelo efectivo”. Entre más divorcios tienen lugar, más se normaliza esta decisión. Entre más se normaliza, menos difícil es para las personas tomar esta opción cuando han juzgado ya perdido su matrimonio.

No siempre fue así. Hace menos de cien años, muchas parejas permanecían casadas sin desearlo, por temor al juicio social, que no era poca cosa. Dejar a los divorciados y a sus familias en paz puede considerarse un triunfo de la libertad.

A la legítima preocupación por los efectos negativos del divorcio en los hijos, le ha sucedido el desarrollo de estrategias de mediación familiar para apoyar a los padres que se divorcian o de intervenciones psicoeducativas para apoyar a los niños y adolescentes cuyos padres se divorcian. Ha quedado claro que, aunque el divorcio de los padres es doloroso para los hijos; la situación puede gestionarse para convertirla en una transición hacia una etapa de mayor bienestar para toda la familia.  

A las personas de mayor edad puede sorprenderles cómo el divorcio es parte de la historia de numerosas familias actuales y cómo se despliegan dinámicas familiares que antes habrían causado mucho conflicto a propios y extraños, como es el que padre y madre divorciados se encuentren y convivan, junto a las parejas actuales de cada cual. Etiquetas como la de “familia rota” pierden sentido cuando la pareja divorciada sigue funcionando como pareja parental. Toman su lugar nuevas formas de amar, de vivir el compromiso y de ser familia.

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