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Tema del mes Problemas de la pareja en relación con el dinero

Problemas de la pareja en relación con el dinero

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Por: Silvia Abril Avila Wall

El dinero protagoniza muchos conflictos de pareja que generan problemáticas graves. Para abordarlas efectivamente hay que mirar las implicaciones del dinero en el mundo subjetivo. Con esa intención, este ensayo trata sobre lo que causa y sostiene los problemas por dinero que se dan en las parejas, deteniéndose a caracterizar la situación en el contexto patriarcal de sociedades como la mexicana. Como nota final, se plantean sugerencias preventivas.

La “pareja” de la que se habla, en general, es la pareja heterosexual con una relación formal o relativamente estable. La sección sobre el contexto patriarcal se circunscribe a la pareja conyugal o en unión de hecho.

Detrás de los problemas de las parejas en relación con el dinero

Apenas empiecen a descubrir el mundo, el niño y la niña encontrarán “el dinero” y recibirán mensajes con connotaciones afectivas sobre las transacciones comerciales, las finanzas familiares, el valor del trabajo, etc. “Con el desarrollo mental y las experiencias sociales [comenzarán] a entender situaciones socioeconómicas y la naturaleza y uso de las mismas […]” (Diez, 2009, p. 5). Este trabajo de comprensión a veces se realiza de forma azarosa, no necesariamente apoyado por los adultos, y la “competencia socioeconómica” resultante no siempre es suficiente o apropiada para los requerimientos de la vida social (Diez, 2009). Agregando complejidad están los dobles mensajes enviados por las familias, lo que se desconoce y lo que consciente o inconscientemente se oculta sobre la economía y las finanzas.

El aprendizaje de nombrar el dinero, contarlo, valorarlo, ganarlo, gastarlo, ahorrarlo, etc., está cargado de significados conflictuantes. A juicio de Madanes y Madanes (1997), el dinero es “el principal elemento de la cultura contemporánea” (p. 16) y puede asociarse con todo lo bueno a lo que brinda acceso; sin embargo, se le ha considerado algo malo, sucio y opuesto a lo espiritual, pues también representa el afán de satisfacer necesidades artificiales y puede asociarse con los inconvenientes que protagoniza, como la generación de deudas o su empleo como instrumento de control. Sobre esto último, Madanes y Madanes (1997, p. 13) ilustran: “El dinero se da con el único objeto de poder quitarlo más tarde, se lo promete pero luego no se cumple, se lo niega y más tarde se da más allá de las expectativas del que lo recibe.”

Entre los problemas que enfrentan las parejas, relacionados con el dinero, la escasez es uno de los más notables; a la vez, la insolvencia y las privaciones generan un clima de tensión propicio para la disputa. Es uno de los modos en que un problema de la pareja se convierte en un problema en la pareja. No tener dinero es un motivo clásico de inquietud, conflicto e inconvenientes; pero la diversidad de problemáticas asociadas con el dinero es enorme, y algunas están relacionadas con la riqueza. En cualquier caso, lo primero que salta a la vista son las cuestiones objetivas, como cuánto se gana y en qué se gasta: cuestiones que tiene sentido creer que se resolverían con educación financiera o mejor comunicación; sin embargo, el andamiaje subjetivo que sostiene lo problemático puede resistir a información y formación. Por eso, Madanes y Madanes (1997) equiparan los problemas financieros a la punta de un iceberg: lo único visible de una gran mole.

En el comportamiento de cada cual con el dinero, entra en juego lo no racional de las disposiciones de ánimo, lo inconsciente de los mecanismos de defensa y la relatividad de las interpretaciones sobre los hechos, interpretaciones marcadas en gran medida por las atribuciones respecto a la conducta del otro. La complejidad aumenta cuando se trata del comportamiento de la pareja como entidad. Los vínculos por amor, sexo y dinámicas de poder, se implican con los miedos, aversiones y necesidades ansiosas en relación con la seguridad del propio cuerpo y de la inserción social de la persona[1]. Por todo esto, el manejo del dinero es una de las “áreas” con mayor probabilidad de generar crisis en las parejas (González y Espinosa, 2004), deteriorando seriamente la relación (Madanes y Madanes, 1997).

Valeria Ortiz Rubio, del despacho Ortiz-Rubio Legal Abogados, afirmó que el tema económico se hizo presente como un factor importante en los divorcios incausados en México, entre 2013 y 2014, siendo el principal motivo de juicio de divorcio, junto con la custodia de menores (Redacción Animal Político, 2014). En los divorcios judiciales, la “negativa a contribuir voluntariamente o por sentencia de un juez familiar al sostenimiento del hogar” se ubica en el sexto puesto en la lista de causales frecuentes de divorcio, en los años 2012, 2013 y 2014 (INEGI, 2016).

Hay que considerar que aunque se hayan elegido mutuamente por afinidad, cada miembro de la pareja trae consigo a la comunidad de dos, una historia de vida y una serie de introyecciones que configuran posturas diferentes, eventualmente hasta la incompatibilidad, en relación con los temas del dinero. Para apreciar cabalmente el peso de estas cuestiones en una relación, hay que notar sus implicaciones con el compromiso, la confianza, la tolerancia, la empatía, etc. Hacer o recibir un préstamo, por ejemplo, puede representar lealtades y detonar celos. Las decisiones sobre testamentos, hipotecas, productos financieros, etc., se permean de angustia, envidia, ira, agradecimiento, culpa, etc. El precio de un obsequio puede representar cuánto se valora a la persona homenajeada, pero también cuánto control se tiene sobre los gastos familiares.

Casas (1989, p. 55) expone interesantes elucubraciones sobre los regalos:

Puede ser testimonio de afecto, señal de atención; pero también una tentativa para compensar una herida y, por consecuencia, señal de la herida misma, o también tentativa de seducción casi soborno para obtener una ventaja personal. Además, el regalo puede implicar una especie de prueba en una situación embarazosa, donde hay que manifestar visiblemente una satisfacción y de cierta manera mentir. Otras veces un regalo dado a un compañero, quien se siente inferior, culpable, desvalorado, agrava y puede servir para agudizar en él este sentimiento de deuda, inferioridad o de culpa.

La experiencia con el dinero está llena de negaciones y ocultamientos que protegen la imagen de las personas ante sí mismas y ante los demás, en un campo de inconsciencia. No es raro que el proyecto económico de una pareja se vea obstaculizado y hasta impedido por las batallas intrapsíquicas de uno o ambos miembros de la misma, batallas de las que pueden ser totalmente ignorantes. Sería el caso de un joven formado explícitamente para el éxito laboral reflejado en logros económicos, al que también se ha formado implícitamente para permanecer en una posición inferior a la del padre, lo que deviene en incapacidad subjetiva para acceder a oportunidades que le colocarían en un mejor nivel socioeconómico. Tampoco es raro que el proyecto económico implique términos por los cuales, uno de los miembros de la pareja termina sintiéndose atrapado, trabajando al servicio de los anhelos del otro (cfr. Madanes y Madanes, 1997).

El conflicto por dinero en la pareja conyugal, en un contexto patriarcal

En los amplios sectores donde sigue aceptándose la premisa patriarcal de que el hombre debe sostener económicamente el hogar, habrá conflicto y posiblemente problemas, cuando el hombre no gane lo suficiente, cuando la mujer gane su propio dinero, cuando gane más que él, etc. La cuestión medular de estos conflictos es la amenaza a la posición del hombre como superior, a partir de la idea de que quien tiene el dinero, tiene el poder (Sangrador, 1993; cfr. Casas, 1989). Esto es delicado, pues la actitud defensiva de los hombres socializados para la agresión, implica el riesgo de violencia.

En este punto, cabe recordar que es violencia económica cualquier modo en que se restrinja el acceso de otro adulto al dinero; por ejemplo, impidiéndole conseguir empleo. Los actos u omisiones en detrimento de los recursos materiales de otro son violencia patrimonial; un ejemplo es vender los objetos de valor de la pareja, sin previo consentimiento. En México, ambos tipos de violencia son delitos (Gobierno de la República e INMUJERES, s. f. a, Gobierno de la República e INMUJERES, s. f. b). Evidentemente, estos u otros tipos de violencia resultan fatales para la relación de pareja.

Otra premisa patriarcal que genera conflicto y problemas en relación con decisiones económicas, es que la mujer debe hacer funcionar el hogar en cualquier circunstancia[2]. Esto puede conducir a situaciones abrumadoras de sobrecarga de responsabilidad. Como mera ilustración, el comentario de Gabriel García Márquez (2007) en su relato sobre cómo escribió “Cien años de soledad”: “Ni siquiera sé cómo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un día la comida en la casa”. La ignorancia del premio Nobel es compartida por muchos hombres menos notables.

Llega a pasar que, cuando el hombre no contribuye al ingreso familiar, por desempleo o por cualquier otra razón, la mujer asume el rol de proveedora como medida temporal, sin dejar de hacerse cargo del trabajo doméstico; el tiempo pasa y la situación permanece. Así lo reporta Tatiana Munevar (2000) en su artículo para el diario digital El Tiempo. Como consecuencia, mínimamente, la mujer estará cansada, lo cual repercutirá en su disposición hacia la pareja; eventualmente, dependiendo de su personalidad, guardará resentimiento, se quejará y reclamará. La tensión ambiental propiciará peleas y desencuentros. En algunos casos, las mujeres optan por dejar de trabajar también ellas para apremiar al marido (Burin, 2007). Cuando es así, se ha visto que:

[…] las posiciones pasivas de los maridos en relación a realizar un trabajo que los ubique como proveedores económicos de la familia no se debían tan sólo a los problemas resultantes de la crisis económica […] sino que esta situación fue aprovechada para que ellos refrendaran posiciones pasivo-infantiles previas […] Hemos interpretado esta tendencia como un movimiento de búsqueda de condiciones de amparo y cuidados, como niños ante figuras femeninas (madres, hermanas, esposas) a quienes se les atribuye rasgos omnipotentes (Burin, 2007, p. 10).

En las parejas llamadas “transicionales”, estudiadas por Burin (2007), ha sucedido que la mujer acentúa su inserción laboral, motivada tanto por las circunstancias del contexto socioeconómico como por su desarrollo subjetivo; esto le permite realizar aportes significativos al ingreso familiar, lo cual le coloca en una nueva posición de poder en la relación. Por su parte, el hombre incrementa su participación en el trabajo doméstico, aceptando la situación como algo excepcional y temporal. Aunque ambos se enriquecen con el descubrimiento de sus capacidades para desenvolverse en áreas que antes eran exclusivas o casi exclusivas de su pareja, viven la experiencia con culpa: la mujer por no atender la casa o a la familia igual que antes, el hombre por no ser el principal proveedor (Burin, 2007).

Previniendo los problemas de la pareja, en relación con el dinero

Como en otros problemas de las parejas, en los que tienen relación con el dinero suele haber expectativas incumplidas. Así pues, expectativas realistas basadas en la comunicación honesta de lo que cada cual quiere, de lo que espera del otro y lo que está dispuesto a hacer, probablemente previenen problemas. Desafortunadamente, como se ha descrito: “Todos saben que el dinero es una importante causa de felicidad o angustia, sin embargo hay un tabú universal en relación a hablar del tema en la mayoría de las circunstancias sociales” (Madanes y Madanes, 1997, p. 15). Es necesario que este tabú se rompa en la pareja. Que los miembros se conozcan realmente. Si bien el estado de conciencia alterado del enamoramiento juega en contra de la razón (cfr. Campuzano, 2001), la etapa de formación de la pareja es buen momento para conversar todo lo posible. Nótese que, por ejemplo, aun cuando ambos pertenezcan al mismo nivel socioeconómico, pueden haber crecido en contextos distintos, lo que tal vez haya demarcado parámetros diferentes; conocer esto es imprescindible para entenderse y acordar, desde cuál es el tamaño de una casa “grande” hasta cuál es el nivel de ingreso “deseable”.

Dice Tovilla (s. f.), en relación con quienes van a casarse: “todas las parejas tienen acuerdos prenupciales latentes, ocultos y es bueno descubrírselos el uno al otro”. Cierto que lo oculto para uno mismo, no se puede revelar al otro intencionalmente; sin embargo, sensaciones, sentimientos y opiniones compartidas son indicadores valiosos de las posturas y los conflictos de cada cual. Basta con comprometerse a ser honesto, a no evitar los temas relacionados con el dinero, y a buscar el momento de abordarlos si no surgen espontáneamente.

Conviene que cada miembro de la pareja haga introspección y análisis en relación a lo que el dinero ha significado en su vida, y sus conflictos y problemas actuales en relación con las finanzas y la economía. Luego, cada cual habría de plantearse objetivos económicos personales, que más tarde convergerán en el proyecto económico común de la pareja. El diseño de este proyecto puede ser un ejercicio enriquecedor, tan o más apasionante que la planeación de una boda. La pareja deberá buscar instrucción, si nunca ha hecho un plan esquemático; pero lo más importante es que consiga comunicarse y entenderse, en sus propios términos, teniendo en claro qué desean, a qué se compromete cada cual y cómo enfrentarán los obstáculos que se vislumbren.

Por supuesto, estas son las partes objetivas y racionales que apelan a la buena intención. Como se desprende de lo expuesto con anterioridad, los conflictos más profundos y los problemas que más daño pueden hacer a la pareja, son aquellos que tienen raíz en el andamiaje subjetivo construido desde la primera infancia, a partir del discurso familiar, el ejemplo de los padres y las experiencias vitales que fueron determinando quién es cada cual, a qué le teme y cómo se protege. Para abordar estos conflictos y problemas, suele ser necesario buscar ayuda de un profesional del comportamiento, de la psique o del alma humana.

[1] Tómese en cuenta que el dinero es el principal medio para proveer recursos que aseguren la integridad física, la posibilidad de desplazamiento y la participación en actividades fuera del núcleo familiar.

[2] Resulta simbólico el significado original de “hogar”, como el fuego que hay que mantener encendido, para preparar los alimentos.

 

 

  1. Burin, M. (2007). Trabajo y parejas: impacto del desempleo y de la globalización en las relaciones entre los géneros. Recuperado el 19 de abril del 2017 en: http://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/mabel_burin/trabajo.pdfCampuzano, M. (2001). La pareja humana: su psicología, sus conflictos, su tratamiento. Ciudad de México: Plaza y Valdés.

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