FELICIDAD. La Humildad y la Aceptación son Fundamentos de la Felicidad

Se persigue la felicidad, muchas veces sin saber por qué, pero cuando se alcanza no se está consciente. Se consulta a un psicoterapeuta por no ser feliz y en el proceso se toma conciencia de que alguien tenía que ayudarnos a reconocerla. Sólo eso.

Para ser feliz primero se debe sentir que se merece. La autodestructividad humana lleva a las personas a no creer que puedan ser felices y castigarse cuando tienen algún logro. Se alcanza felicidad cuando se percibe al sí mismo funcionando en armonía con el interior y el exterior, cuando se disfruta de la vida, cuando hay compromiso de vivir a plenitud y cuando se le capta un sentido (Easvaradoss y Rajan, 2013).

Sin embargo, el principio de la destrucción, el Tanatos freudiano, siempre está presente. Es el deseo de regresar a un estado ideal de no angustia, de no deseo. Buscamos autodestruirnos para estar en paz y esto comienza con los pensamientos de demérito e insatisfacción y con atacar y despreciar consciente e inconscientemente los logros.

Existe un sufrimiento colectivo (Pedrote y Tovilla, 2002), una insatisfacción social contaminante que pareciera proveer ganancias por sufrir. Como si los sufrientes, personas sin felicidad, estuvieran convencidos de la recompensa que religión y sociedad ofrecen.

La felicidad puede ser un estado intermitente:  involucrada la aceptación y la humildad de la condición existencial que hoy cada quien tiene para sí mismo, de reconocer a todos en diversidad e independencia. Alcanzarla no es una tarea de toda la vida sino una labor de acción y reconocimiento cotidianos. Nada es lo que parece ser y todos lo percibimos diferente. Por eso escuchar al otro permite reconocer la nueva realidad que podemos aceptar. Nunca falta alguien que nos diga que podemos ser felices si queremos.

La búsqueda de la felicidad de un pueblo ha llevado a la infelicidad de otros por medio de la guerra,  y luego las generaciones subsecuentes del favorecido pagan con su autodestrucción por culpa. Hoy las personas buscan cambiar para trascender con sus actos positivos en la sustentabilidad planetaria, en la felicidad y en la riqueza material para obtener suficiente comodidad.

La especie humana debiera llegar a un estado de desarrollo en el cual la búsqueda de la felicidad de un pueblo no lleve a la infelicidad de otro. Todos somos responsables de la placidez de los demás y por eso lo somos de la nuestra. No se trata de vivir para hacer felices a otros pero no podemos serlo a costa del sufrimiento de los otros.

La felicidad coexiste con el estado de gratitud y perdonarse a sí mismo mediante con la vida ayuda a lograrla.  Al ejercer perdón de uno se puede traer a la conciencia. Esta manifestación es espiritual. En una investigación realizada en 2004 (Bradshaw, Christopher y Flannelly, 2008), efectuada con 1,629 personas, se encontró  una correlación negativa entre la percepción de un dios amoroso y la existencia de psicopatología (enfermedad mental) y una correlación positiva entre ésta y la percepción de una divinidad distante. Sentir el perdón de un Ser Superior permite vivir sin culpa y actuar más rumbo a la felicidad.

Una vida humilde, con el merecimiento de la felicidad en función de la riqueza interior como primer logro de una psicología positiva, tiene que ser el resultado de un proceso de autoconocimiento en el cual el sujeto, por sí mismo, o guiado por otro, se cuestiona acerca de su interior para ser feliz.

Referencias
Bradshaw, M.  Ellison, C. G.  Flannelly, K. J. (2008). Prayer, god imagery, and symptoms of Psychopathology. Journal for the Scientific Study of Religion. Dec 2008, Vol. 47 Issue 4, pp. 644-659.
Easvaradoss, V., & Rajan, R. (2013). Positive psychology spirituality and well-being: An overview. Indian Journal of Positive Psychology, 4(2), 321-325. Retrieved from http://search.proquest.com/docview/1614632809?accountid=26252.
Pedrote, M. y Tovilla, A. (2002). Adicción al sufrimiento, una limitante a tu desarrollo. México, E/L.

 

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