La Resiliencia y su relación con la vivencia y el hecho disruptivo

La llamada modernidad líquida (Bauman, 2011) confronta al psicoanálisis con el impacto de una gran variedad de situaciones disruptivas en el psiquismo y las especificidades de las patologías del vacío (Benyakar, 1998). De los conflictos sociales y los desastres naturales surgen formas de afrontamiento que evidencian afectación psíquica en grados, desde quienes resultan indemnes hasta aquellos con perturbaciones psicológicas que requieren tratamiento.

Lo disruptivo es parte de un desarrollo teórico de modelo de psiquismo que implica un abordaje sistemático (Benyakar, 2015), pluralista, integrativo, sustentable y coherente (Benyakar, 2015: 15). Constituye además el abordaje de lo traumático.  

Es concebido como un fenómeno fáctico, para el cual se debe reconocer:

  • Cualidades. Modo e intensidad en que se afecta el funcionamiento psíquico,
  • Características. Lo que define al fenómeno y
  • Atributos. Condiciones de una situación desde la percepción subjetiva. “Es el sentido que la persona le adjudica a un fenómeno fáctico previo a que se desencadene como evento disruptivo (Benyakar, 2015: 32)”.

En los tres casos, las inferencias de los tres factores enunciados arriba son subjetivas y dependen de la percepción de cada sujeto.

Lo disruptivo es un paradigma para comprender cómo la psique enfrenta los estímulos, pues este constructo es relacional en la medida  determinada por el vínculo entre lo fáctico –el cual una vez internalizado y transformado en psíquico, es decir se “psiquisizó”, se constituye como realidad– y los procesos psíquicos. Un hecho es disruptivo mientras afecta al psiquismo, es decir, se le representa. Para Aulagnier (1975: 24) la representación es una “tarea común a los procesos psíquicos, se dirá que su meta es metabolizar un elemento de naturaleza heterogénea convirtiéndolo en un elemento homogéneo a la estructura de cada sistema.” Esta autora, quien desarrolló un modelo de la mente a partir de la explicación de la psicosis, afirma: “…Todo acto, toda experiencia, toda vivencia, da lugar conjuntamente a un pictograma, a una puesta en escena y a una puesta en sentido.” (Del Pie, 2005: 184).

Lo fáctico, cuando es disruptivo, ocurre y tiene sus consecuencias, traumáticas o no, aunque aquí es preferible ponerlo en un continuum, es decir, observarlo desde una perspectiva dimensional. En esta línea de respuestas conductuales a hechos fácticos derivadas de impactos psíquicos ocurren la resiliencia y la sublimación. Es importante recordar que lo disruptivo no es necesariamente traumático, sino que sólo tiene un potencial en ese sentido. Es decir, se habla de eventos “potencialmente traumáticos” (Bonanno, 2005) cuya afectación es inversamente proporcional a la resiliencia.

Mientras se aclare el concepto de lo traumático y sus procesos se puede tratar la manera del procesamiento psíquico de lo disruptivo. El Diccionario de psicoanálisis de Chemama y Vandermersch (1998: 685) aproxima el concepto a un “acontecimiento inasimilable para el sujeto, generalmente de naturaleza sexual, y que puede parecer constitutivo de una condición determinante de la neurosis. Es decir, existe relación causal entre ésta y trauma, como planteaba Freud en Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa (1896). Además algunos desarrollos psicoanalíticos que agregan a lo directamente sexual otras representaciones de esto y ciertos eventos disruptivos a la represión y la negación. Dice Benyakar, apoyándose en autores como Aulagnier, Lacan y Winnicott (2015: 14): “El modelo de lo disruptivo plantea que existen mecanismos desencadenados por impactos fácticos que nada tienen que ver con lo sexual a pesar de que están siempre presentes.”

En su representación, ateniéndose a la propuesta de Aulagnier (1975), el evento disruptivo adquiere dos puestas en forma, la correspondiente a los elementos constitutivos y la referida a la relación entre representante y representado. El trauma siempre aparece representado como fantasía originaria y síntoma y no hay que olvidar que está ligado a la angustia, de ahí su impacto a la estabilidad yoica.

En muchas ocasiones lo traumático se pone a disposición del inconsciente con la represión, pero comienza a emerger cuando se verbaliza su negación (Freud, 1925). La persona impactada disruptivamente en un proceso psíquico traumático no quiere que esto emerja.  

Para Benyakar (2015: 4) el modelo de lo disruptivo “no pretende abarcar todos los procesos psíquicos, ni todas las patologías ante las que nos enfrentamos, sólo se remite a aquellos procesos psíquicos producto de impactos fácticos” y “una vez que lo fáctico se internalizó y transformó en psíquico, es allí donde se constituye como realidad” para el sujeto de la experiencia, en la cual se conforma una representación y su correspondiente elaboración. La realidad entonces se encuentra diferenciada en función del sujeto que la percibe; esto es importante para la valoración del grado de traumatismo que un sujeto pudiera tener por una situación disruptiva.

Es necesario ampliar el modelo de lo disruptivo en tres dimensiones, en cuanto a la diferenciación de lo fáctico de lo psíquico, el establecimiento de un modelo diferenciado de aparato psíquico que permita aprehender lo disruptivo y los aspectos clínicos relacionados con el constructo, señalando que en todo momento lo fáctico no tendrá por sí mismo cualidades psíquicas. Esta concepción modular se aleja del constructo de estrés postraumático, el cual constituye “una posición determinista intransigente” (Benyakar, 2015: 7), pues no todo evento o vivencia disruptiva produce procesamiento traumático.

Es oportuno aquí conceptualizar a la resiliencia. Cyrulnik (2001: 44) afirma que Edipo, en cada uno de los eventos de su existencia trágica, partiendo de su abandono para luego casarse con su madre, recibir la ominosidad del Oráculo de Tebas y cegarse por sentimientos de culpa extremos, pudo haber tenido la “opción de otro destino”. La resiliencia se encuentra asociada al cumplimiento continuo de las responsabilidades personales, familiares y sociales, la capacidad de tener emociones positivas y generar experiencias creativas y productivas, de manera inmediata y en un periodo continuado a pesar de haber estado expuesto a un evento disruptivo con potencial traumático. Es decir, a pesar de la ominosidad, es posible tener una vida útil y feliz, con amor y trabajo plenos, y esto depende de cierta estructura de personalidad adquirida. Siempre será útil para las personas resilientes ante cierto hecho disruptivo reconocer este potencial, pues podrá servirles en otras situaciones emergentes.

La resiliencia tiene cualidades de adaptación y perceptivas. En cuanto a la primera, permite la ubicación y el desarrollo exitosos en un ambiente a pesar de factores asociados con una disfunción psicológica o una relativa baja competencia (Zukerfeld y Zukerfeld. 2005). Como cualidad inherente a la percepción, las personas resilientes inhiben la expectativa de la repetición ominosa de un hecho disruptivo, a diferencia de quienes son traumatizadas por un hecho con las mismas cualidades.

Pero esta ominosidad es tanática, es decir, se relaciona con el instinto de muerte que se opone al erotismo que propone un desarrollo cultural (Szplika, 2016). La sucesión constante de eventos disruptivos en la existencia del sujeto es la normalidad y la relación con la muerte es inmanente. Por eso no debe extrañar que la mayoría de las personas quede indemne ante disruptividades con potencial traumático, lo cual define a la resiliencia. O sea, ante hechos disruptivos siempre habrá más resilientes que traumados.

Al establecer la validez de la trayectoria resiliente es importante distinguirla de la negación o de otras formas de ajuste superficial (Bonanno, 2005). Este autor, al analizar la resiliencia frente al trauma potencial de un evento disruptivo, mediante estudios y entrevistas a damnificados y familiares del ataque a Nueva York de septiembre 2001, ha concluido que la resiliencia es la respuesta más común y no la recuperación. De ahí derivan tres conclusiones:

  • La resiliencia difiere en la asociación típica entre evento potencialmente traumático (disruptivo) y trauma o recuperación de éste.
  • Es en realidad el resultado más común ante eventos disruptivos.
  • Muchos y a veces inesperados factores pueden promover un resultado resiliente de un hecho disruptivo. Esto quizá incluya factores situacionales como las relaciones significativas e individuales como la adaptabilidad flexible a los retos.

Al plantear lo paradójico de asistir a personas normales en una situación anormal Benyakar (2006: 101) resalta investigar la presencia de daños o secuelas psíquicas en sujetos diferenciados ante una situación disruptiva. Este autor siembra el concepto de Síndrome de Ansiedad por Disrupción, que emerge “en ambientes disruptivos causados por desintegración social o por la presencia de miedo constante…”.

Cuando hay una vivencia disruptiva se está ante hechos continuados que afectan a la psique. Esto puede implicar una transformación del carácter. La vivencia, si genera traumatismo psíquico, se presenta como un proceso fallido en el cual no se articulan de manera eficaz afecto y representación, ocurriendo subprocesos que sufren estridentes impactos disruptivos, por lo que el displacer y la frustración imponen grietas en la formación del psiquismo.

Vivir en una familia en la cual la agresión es incontrolable y el niño se expone de manera cotidiana puede convertirse en traumático, aunque para que eso ocurra es necesaria una escasa capacidad resiliente, es decir, un Yo débil no capaz de trascender sin abolladuras y grietas la experiencia.

Cuando se habla de vivencia disruptiva es importante considerar a la resiliencia. Esto permite que ciertos impactos disruptivos constantes no se transformen en un vivenciar traumático, visto desde perspectivas diferentes (Benyakar, 2002). ¿Puede resurgir una resiliencia enterrada para generar una experiencia transformadora? Desde su dimensión ética, el psicoanálisis clínico debiera procurar dicha experiencia.

Respecto a la influencia del constructo de lo disruptivo en la investigación doctoral del autor de este artículo, al proponer una interpretación psicoanalítica del concepto de paz en educadores, pacifistas y psicoanalistas debe encontrarse que ésta es resultado de la sublimación de pulsiones libidinales y del procesamiento de pulsiones agresivas cuyo origen se encuentra en un evento disruptivo traumatogénico.

En el relato de un vivenciar disruptivo está la clave para reconocer la capacidad de resiliencia, según Cyrulnik (1998). Se esperaría encontrar en las vivencias de estos sujetos una situación disruptiva que los impulsó a tomar el camino del pacifismo. Para este autor narrar las vivencias traumáticas permite resignificarlas y llevar a la instrucción, la conducción a la virtud y la construcción de otras vidas.

En la indagación que desarrolla este investigador es importante la relación entre trauma y resiliencia ante situaciones fácticas disruptivas, pues el objetivo es encontrar los factores que, ante hechos potencialmente traumáticos, permitieron a un grupo de activistas por la paz encauzar su libido hacia la consecución de este noble fin.

Referencias:
Aulagnier, P. (1975). La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado. Buenos Aires, Amorrortu, 2014.
Baumann, Z. (2011). La cultura en el mundo de la modernidad líquida. México, Fondo de Cultura Económica, 2013.
Benyakar, M. (1998b). Agresión y violencia en el milenio. La cadena del mal. Revista de Psicoanálisis T. LV, No. 4, octubre-diciembre, Asociación Psicoanalítica Argentina, pp. 875-892.
Benyakar, M. (2006). Lo disruptivo. Amenazas individuales y colectivas: El psiquismo ante guerras, terrorismos y catástrofes sociales. Buenos Aires. Biblos.
Benyakar, M (2015). Lo disruptivo: de lo fáctico a lo psíquico. Buenos Aires, S./E.
Bonanno, G. (2005). Resilience in the face of potential trauma. Current Directions in Psychological Science, 14(3), 135-138. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/20183007.
Cyrulnik, b. (1998). La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Buenos Aires, Granica, 2017.
Cyrulnik, B. (2001). Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona, Gedisa, 2008.
Del Pie, N. (2005). Piera Aulagnier. En: El concepto de trauma según diferentes autores psicoanalíticos.  Psicoanálisis. APdeBA–Vol. XXVII–Nº 1/2–2005.
Freud, S. (1896). Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa. Obras completas. Tomo III. Buenos Aires, Amorrortu, 1991.
Freud, S. (1925). La negación. Obras completas. Tomo XIX. Buenos Aires, Amorrortu, 1991.
Szplika, J. (2016). ¿Por qué la guerra? Revista de Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica Argentina. T. LXXIII, junio-septiembre 2016.
Zukerfeld, R. y Zonis de Zukerfeld, R. (2005). Procesos terciarios. De la vulnerabilidad a la resiliencia. Ed. Lugar, Buenos Aires.

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