Estar bien con el “quédate en casa”

Los estudios emergentes sobre las reacciones emocionales ante la pandemia de Covid-19 reportan que, como cabe esperar, las personas están sintiendo miedo, incertidumbre y ansiedad (Vera-Villarroel, 2020).

La intensidad de estas respuestas puede ser proporcionada o no (Quezada-Schulz, 2020). Es un hecho que “estamos ante una situación de peligro potencial altamente impredecible e incontrolable, dos condiciones que favorecen la […] de angustia y diversas psicopatologías” (Mineka y Kihlstrom, citados por Quezada-Schulz, 2020, p. 21). Por otra parte, el estar en cuarentena o al menos limitando las salidas de casa y los encuentros sociales, en algunos ha provocado confusión y un incremento en la agresión (cfr. Urzúa, Vera-Villarroel, Caqueo-Urizar, Polanco-Carrasco, 2020). Esto último no implica necesidad de lastimar o dañar, aunque un mayor nivel de agresión sí aumenta la probabilidad de ejercer violencia.

Las reacciones y respuestas de las personas dependerán de su personalidad, recursos, intereses y de la situación específica que atraviesan (cfr. Quezada-Schulz, 2020). Hay quienes tienen problemas existenciales y quienes tienen hambre. Es importante hacer explícito que existe una gran diversidad de situaciones y circunstancias, de modo que, por ejemplo, las sugerencias de este artículo no son adecuadas para todo el mundo. Para empezar, las personas difieren en la “etapa de exposición al virus” en la que se encuentran: en cuarentena por haber estado expuestas, en aislamiento por saberse infectadas, en distanciamiento social preventivo o recuperadas tras haber cursado con la enfermedad; difieren también los factores que configuran su situación, como su nivel económico o la calidad de la información a la que tienen acceso (Urzúa, Vera-Villarroel, Caqueo-Urizar, Polanco-Carrasco, 2020). 

Este artículo se dirige a quienes, atendiendo el llamado de las autoridades sanitarias de México, tienen condiciones de vida que les han hecho posible evitar salir de sus casas, que tal vez están realizando trabajo remunerado a distancia y probablemente cuidan dependientes. Conforme el tiempo transcurre, el “quédate en casa” debe haberles representado pérdidas y sobreesfuerzos y habrá quien lo experimente como confinamiento. “El confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero” (Mlambo-Ngcuka, 2020), aunque, como se ha dicho: cada caso es diferente. No es lo mismo estar tres personas resguardadas en una casa grande con jardín, que seis personas en un departamento pequeño. Numerosas variables configuran la situación vital y permean el modo en que se vive la experiencia. Una variable significativa es el género. 

“Los brotes de enfermedades afectan a las mujeres y los hombres de manera diferente, y las pandemias exacerban las desigualdades existentes […], lo mismo que la discriminación en contra de otros grupos marginados como las personas con discapacidad” (UNFPA, 2020). Dice Cheyne (2020) que: “Se presume que todo el trabajo del cuidado que implica quedarse en casa está tan desbalanceado como siempre, y en aquellas familias donde no se cuente con ningún proveedor hombre, es la mujer la que estará lidiando con la nueva dinámica”. Además, se “refuerza el aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas” (Mlambo-Ngcuka, 2020). 

¿Cómo puede sentirse mejor quien se queda en casa? 

Buscar sentirse bien no es capricho, pues el bienestar es parte de lo que integra la salud; tampoco es ocioso pues hay acciones que efectivamente lo consiguen (Vázquez, Hervás, Rahona y Gómez, 2009; cfr. García, 2002); solo hay que evitar un “optimismo ilusorio u optimismo no realista […] que puede ser un riesgo en contextos de Salud” (Vera-Villarroel, 2020). Esto significa aceptar que “estar bien” incluye momentos de preocupación, frustración y tristeza por la situación propia o la de otros. La cuestión es no dejar que la preocupación se convierta en un mascullar pesimista, no dejar que el estrés se instale ni que la frustración se desborde o la tristeza se transforme en desesperanza. Procesar el displacer y el dolor es una capacidad que da cuenta de la salud mental.

Es necesario reconocer qué se está sintiendo, valorar la experiencia afectiva como legítima sea cual sea y, en la medida de las posibilidades, atenderla amorosamente, por ejemplo, permitiendo que el llanto desahogue. No se trata de eliminar los afectos negativos, sino de procesarlos y procurar crear espacio para que otros afectos aparezcan. Para ello se presentan las siguientes sugerencias, relacionadas entre sí.

 

  1. Evalúa la realidad.

Cuando las complicaciones se analizan, se aclaran; entonces es posible delimitarlas, es decir, plantearlas de modo que se notan sus límites: así dejan de aparecer como inconmensurables y se hace posible distinguir las cuestiones concretas implicadas en lo abstracto para pasar, por ejemplo, de un “vamos a morirnos de hambre” a un “si el ingreso es igual la próxima semana, habrá que reducir el presupuesto de comida a X cantidad”. Aclarar qué es lo que está pasando permite concluir qué acciones pueden llevarse a cabo para atender las necesidades, lo cual convierte los problemas en algo manejable. Esto incluye crear una estrategia para posibles situaciones de violencia, cuando se sabe que se convive con un agresor. Por ejemplo, la Red Nacional de Refugios (citada por Arteta, 2020) ha promovido armar grupos de WhatsApp con personas de confianza a las que se pueda enviar un mensaje, tal vez con palabras clave, para que acudan en auxilio o llamen a la policía.

Una vez que queda claro lo que pasa y lo que es racionalmente probable que ocurra en la situación propia, conviene considerar también lo que ocurre en la localidad y en el resto del mundo, así como lo que están pasando, en general, las personas en una situación comparable; eso brinda perspectiva y ayuda a trascender las sensaciones provocadas por algo que incomoda o perjudica. Por supuesto, cualquier sentimiento es legítimo; pero es posible y a veces conviene trascender los afectos reactivos de manera que los sentimientos vayan moldeándose conforme a una escala de valores. Es triste perder el viaje de vacaciones para el que se había ahorrado, pero esa tristeza se vive diferente al saber que hay miles de personas en duelo porque sus seres queridos han muerto. Es frustrante perder oportunidades de trabajo, pero la decepción puede contenerse al notar que el hecho es parte de una dinámica que afecta a la mayoría de los trabajadores de tal o cual área. La evaluación de la realidad en perspectiva lleva a expectativas realistas: para muchos, mantener la salud y llevarse bien con la familia será suficiente.

 

2. Cuida los referentes cotidianos.

Las actividades ordinarias, el cumplimiento de una agenda y los rituales sociales son referentes de tiempo, espacio e identidad. Todo esto, que configura la cotidianeidad, estructura un mapa mental por medio del cual se entiende el mundo y a partir del cual se traza la relación con los demás. Con las medidas de distanciamiento social o de cuarentena, todo eso se mueve y llega a perderse. Parece broma, pero de pronto no está claro qué día es y se han trastocado los horarios de sueño; de pronto no queda claro tampoco cómo es que pasaron diez horas tan rápido y a la vez pasan diez días que se sienten como meses; de pronto una mamá que extraña la oficina se pregunta quién es y qué está haciendo en esa casa desordenada. Para algunas personas, esta situación significa más tareas, tareas nuevas o condiciones más difíciles para realizar las tareas de siempre, y se complica dimensionar los recursos, los límites y la dificultad misma. Todo lo anterior genera distrés constante y pone en riesgo de crisis.

Una crisis situacional se define como un: “Estado temporal de trastorno psicológico caracterizado por ansiedad, confusión y desorganización, causado por un suceso inesperado que es vivenciado como amenaza o pérdida y que resulta insuperable con los mecanismos psíquicos habituales de la persona para enfrentar problemas” (Ruffo, 2005, p. 1). La pandemia y sus circunstancias pueden provocar crisis de este tipo; para prevenirlas, una medida es cuidar los referentes de la realidad ordinaria, como los horarios, sobre todo en función de los hábitos de higiene, alimentación, sueño y trabajo. 

Sin que se convierta en una exigencia por llevar una estricta rutina de vida saludable, conviene intentar ajustar la rutina diaria a lo que previamente se ha considerado adecuado: la hora de acostarse y de levantarse, los días y la hora de hacer ejercicio, de preparar la comida y comer. Mención especial merece el llamado “home office”, pues quienes no están acostumbrados a trabajar desde casa, si no establecen límites en los horarios y los espacios, pueden generar en el cliente o empleador la impresión de estar siempre disponibles y, de pronto, se encuentran recibiendo o terminando encargos a deshoras, respondiendo mensajes laborales en domingo, etc. Reconociendo que hay una situación excepcional que va a afectar la rutina, es bueno intentar que la vida no se ponga de cabeza. Esto es fundamental para los niños, a los que una estructura clara de cómo se organiza el día, les da seguridad.

 

  1. Genera ocasiones para la alegría.

Las emociones positivas optimizan la resiliencia y la capacidad de aprendizaje, de modo que ayudan a enfrentar la incertidumbre y a dar sentido a las circunstancias adversas (Barragán y Morales, 2014). En una situación como la presente, conviene particularmente cultivar la alegría que, como señalan Piqueras, Ramos, Martínez y Oblitas, (2009), favorece la atracción interpersonal y ayuda a mantener o recuperar la salud. 

La alegría no es algo banal ni se trata de jocosidad; surge de la observación entretenida que configura una mirada propia y con ello favorece las ideas creativas, así que es buena para pensar el dolor (Fernández, 2013). Va de la mano con la fluidez que es ese estado de concentración total que se da cuando una se abstrae en una actividad que le place, perdiendo la noción del tiempo (Barragán y Morales, 2014), sin que esto provoque desubicación temporal como ocurre con la pérdida de referentes, sino más bien provocando un sentimiento de plenitud. 

Se generan ocasiones para la alegría, dedicando tiempo a las actividades que se disfrutan, haciendo contacto, aunque sea virtual, con los seres amados, y renovando la mirada a lo cotidiano. Esta es la opción viable para quienes no tienen tiempo de pintar, leer, armar un rompecabezas, etc.: reconocer lo bueno en lo que hay alrededor, en los objetos que un día llegaron y fueron acomodados, en los aromas y sabores de la comida, en los colores y texturas de los muebles, en cada recurso que hace la vida más cómoda o grata y que se ha dado por sentado. Sin duda, la alegría también va de la mano con la gratitud. 

Se vive mejor con alegría y es más fácil y económico estar alegre, que palomear eficientemente listas de deberes en relación con desperfectos domésticos o implementar planes increíbles de superación personal intensiva. Lamentablemente, es común vivir distraídos y con los sentidos saturados (cfr. D’Avila y Cadena, 2010), con lo cual, se pierden las oportunidades de alegría que brindan la contemplación y el gusto simple de lo bueno-cotidiano. Por eso, la alegría de la que se habla aquí depende de la templanza.

 

  1. Desarrolla templanza.

Es un buen momento para desarrollar el gusto por “el punto medio”. Consumir con moderación para no acaparar, estar informados sin que las noticias protagonicen el ambiente del hogar, seguir los cuidados recomendados por organismos oficiales sin pretender un control imposible. La moderación protege contra los excesos y autorregula los impulsos; va de la mano con la prudencia, que resulta muy adaptativa en un mundo incierto (Corral, Tapia, Ortiz y Fraijo, 2013)

 La templanza y la prudencia son fortalezas psicológicas (Ovejero, Cardenal y Ortiz-Tallo, 2016) que importan a nivel anímico, como a nivel físico importa un sistema inmune fuerte. Desde un punto de vista teológico cristiano, la templanza es una virtud decisiva para la realización personal, “ligada a la manera de tratarse la persona a sí misma y de relacionarse con los bienes creados y con los demás seres humanos. De su ejercicio […] depende el recto uso de la libertad” (Sarmiento, 2002, p. 230). Es justo lo necesario para conservar la calma cuando los vecinos hacen una fiesta mientras la familia propia está sin salir ni recibir visitas. Comúnmente se le asocia con limitación y freno, pero su cometido no es impedir el gozo: la actuación prudente y armónica puede llevar el gozo a un nivel de plenitud (Sarmiento, 2002).

El temple requiere autodominio y el autodominio requiere calma, para lo que vienen bien las prácticas de relajación. No hace falta desarrollar habilidades especiales ni dedicar mucho tiempo a meditaciones; hay ejercicios de respiración sencillos que pueden hacerse en minutos. El gobierno de México ha colocado en su portal informativo sobre la pandemia, un video con técnicas para reducir la irritabilidad y una guía de relajación (https://coronavirus.gob.mx/salud-mental/); en otras plataformas hay gran cantidad de recursos para todo público.

Esto va a pasar

Dice el dicho que “no hay mal que dure cien años” y, como dice Lucía Gil en su canción: “ahora es tiempo de pensar y ser pacientes”.

 

Referencias

 

Arteta, I. (2020). ¿Qué hacer en caso de violencia doméstica durante COVID-19? Animal Político. Disponible en: https://www.animalpolitico.com/2020/03/mujeres-violencia-domestica-encierro-covid-19/
Barragán, A. R. y Morales, C. I. (2014). Psicología de las emociones positivas: generalidades y beneficios. Enseñanza e Investigación en Psicología, 1, 103-118. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/292/29232614006.pdf
Corral, V., Tapia, C., Ortiz, A. y Frajio, B. (2013). Las virtudes de la humanidad, justicia y moderación y su relación con la conducta sustentable. Revista latinoamericana de Psicología, 2, 363-374. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4665216
Cheyne, D. (2020). Una reflexión feminista sobre la pandemia del Covid-19. Disponible en: https://www.uls.edu.sv/sitioweb/images/pdf/Una%20reflexi%C3%B3n%20feminista%20sobre%20la%20pandemia%20del%20Covid-19.pdf
D’Avila, J. y Cadena, J. (2010). Paternidad y templanza. Universitat Abat Oliva. Disponible en: https://www.recercat.cat/bitstream/handle/2072/152166/Paternidad%20y%20templanza%20(Joan%20d’%C3%80vila%20Juanola%20Cadena).pdf?sequence=1
Estévez, R. M., Oliva, A. y Parra, A. (2011). Acontecimientos vitales estresantes, estilo de afrontamiento y ajuste adolescente: un análisis longitudinal de los efectos de moderación. Revista latinoamericana de Psicología, 2, 39-53. Disponible en: http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v44n2/v44n2a01.pdf#page=39
Fernández, A. (2013). Potencia creativa de la alegría. En: Psicología educacional en el contexto de la clínica socioedcuativa. Taborda, A. y Leoz, G. [comp.], pp. 157-172, San Luis, Argentina: Nueva editorial universitaria: 
García, M. A. (2002). El bienestar subjetivo. Estudios de psicología, 6, 18-39. Disponible en:  https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=281674
Mlambo-Ngcuka, P. (2020). Violencia contra las mujeres: la pandemia en la sombra. [Declaración]. ONU Mujeres. Disponible en: https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/4/statement-ed-phumzile-violence-against-women-during-pandemic
Ovejero, M. M., Cardenal, V. y Ortiz-Tallo, M. (2016). Fortalezas humanas y bienestar biopsicosocial: Revisión sistemática. Escritos de Psicología, 3, 4-14. Disponible en: http://scielo.isciii.es/pdf/ep/v9n3/revisiones1.pdf
Piqueras, J. A., Ramos, V., Martínez, A. E. y Oblitas, L. A. (2009). Emociones negativas y su impacto en la salud mental y física. Suma Psicológica, 2, 85-112. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/1342/134213131007.pdf
Quezada-Scholz, V. E. (2020) Miedo y psicopatología: la amenaza que oculta el Covid-19. Cuadernos de neuropsicología, 1, 19-23. Disponible en: http://www.cnps.cl/index.php/cnps/article/view/394/447
Raffo, S. (2005). Intervención en crisis [Apuntes para uso exclusivo de docencia]. Departamento de Psiquiatría y Salud Mental. Universidad de Chile. Disponible en: https://s3.amazonaws.com/academia.edu.documents/54750487/7A._Intervenci_n_en_Crisis_1.pdf
Sarmiento, A. (2002). Sobre la templanza. Scripta theologica, 1, 227-271. Disponible en: https://dadun.unav.edu/
UNFPA (2020). COVID-19: Un enfoque de género. [Nota]. Disponible en: https://www.unfpa.org/es/resources/covid-19-un-enfoque-de-g%C3%A9nero
Urzúa, A., Vera-Villarroel, P., Caqueo-Urizar, A. y Polanco-Carrasco, R. (2020). Psicología en la prevención y manejo del COVID-19. Aportes desde la evidencia inicial. Terapia psicológica, 1, 103-118. Disponible en: http://www.teps.cl/index.php/teps/article/view/273/323
Vázquez, C., Hervás, G., Rahona, J. J. y Gómez, D. (2009). Bienestar psicológico y salud: Aportaciones desde la Psicología positiva. Anuario de Psicología clínica y de la salud, 5, 15-28. Disponible en: https://s3.amazonaws.com/academia.edu.documents/58801179/articulo_2.pdf?response-content-disposition=inline%3B%20filename%3DBienestar_psicologico_y_salud_Aportacion.pdf
Vera-Villarroel, P. (2020). Psicología y Covid 19: Un análisis desde los procesos psicológicos básicos. Cuadernos de neuropsicología, 1, 10-18. Disponible en: http://www.cnps.cl/index.php/cnps/article/view/393/440

 

 

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