3 signos importantes de la autodestructividad del adicto

De: Andrés Tovilla Sáenz
0 Comentar

La teoría psicoanalítica ayuda a comprender por qué el adicto a las drogas o la persona que tiene tendencia a las compulsiones autodestructivas severas repite su conducta lesiva aunque no una parte de sí mismo no deseara hacerlo. En este artículo se mencionan cuatro variables que tienen gran importancia en ello y que en la práctica psicoterapéutica ayudarían a que el paciente tome conciencia. Si esta teoría se enlaza con la experiencia relatada en su literatura de los miembros de Narcóticos Anónimos, se puede extraer un conocimiento que abone sustancialmente a la recuperación. Aquí se hace un pequeño repaso acerca de tres puntos interesantes para comprender la tendencia a la necesidad inconsciente de castigo del adicto: 

  • Lo ominoso y la recaída.

Siempre se habla del riesgo de recaída en los procesos de tratamiento de las adicciones. Se dice que es un proceso porque se van dando pasos hacia atrás o se va tendiendo a sustituir una compulsión por otra. La ominosidad proviene de que la recaída tiene raíces muchas veces ocultas, que el adicto no percibe conscientemente, pero que pueden sacarse a la luz con la ayuda de otros, ya sea personalmente o por medio de la literatura de recuperación que editan los grupos de autoayuda. 

Ciertamente, en estos grupos, siempre está presente la recaída, cuyo peligro es motivador para que se asista a la reunión. Hay miedo a que, si se regresa al consumo, la compulsión por consumir drogas sea peor. Dado que los recuerdos de la adicción activa siempre están presentes en todos los miembros del grupo y en los relatos que se hacen manifiestos se dispersa el temor a recaer. 

Sin embargo, el aburrimiento puede ser tan grande y la necesidad de las emociones de la intoxicación tan fuertes, que siempre se repite, aunque sea levemente, la obsesión por seguirse haciendo daño. Este aburrimiento proviene de que aún no se vuelve egosintónico el estado de sobriedad, es decir, la creencia firme de que se puede vivir sin drogas y tener una nueva forma de vida. 

Freud definía a lo ominoso como una variedad de lo terrorífico que se remonta a lo históricamente terrorífico, proveniente del desarrollo, desde hace largo tiempo (1919: 220), que de pronto puede llegar a ocasionar daño. Es algo que nos es familiar, pero que nos acecha de forma mortal. Así puede ser la vida del adicto en recuperación: siempre acechado por la recaída o por una compulsión lo bastante dañina como para que se le equipare. 

Sin embargo, con esta ominosidad coexiste la esperanza de que si se supera el riesgo que se tiene ante un debilitamiento de los principios de recuperación y éstos se retoman, se está ante las “fuerzas dinámicas de un cambio, o de una auténtica transformación…(Narcóticos Anónimos, 2017)”. Esto es como andar en la cuerda floja y luego llegar al otro lado de su peligro, pudiendo alcanzar una nueva fase, más trascendente de la recuperación. Posiblemente, haber estado coqueteando con la recaída, sin que esto ocurra, hace que el adicto en recuperación se de cuenta de riesgos que no tenía considerados para sostener su abstinencia. 

  • La compulsión a la repetición. 

Comúnmente se ve a la adicción a las drogas como un trastorno derivado de la voracidad de la persona que quisiera llegar a estar en una situación de regresión al placer de la etapa oral del desarrollo psíquico. Sin embargo, hay que decir que lo que en realidad predomina es la pulsión de muerte, causante de que exista el impulso irrefrenable proveniente del inconsciente para lograr un estado de homeostasis vía por la vía de la búsqueda de lo tanático o sea, lo mortal.

La búsqueda del bienestar se ve gravemente afectada cuando se presenta de nuevo la repetición del síntoma, sobre todo uno tan dañino como la compulsión a consumir drogas. Esto ocurre porque desde el inconsciente surge un deseo de punición, o sea de castigo que clama una instancia crítica instalada en la psique, esto es, la conciencia moral del Superyó (Freud, 1920). 

Si se está ante alguien que tiene como motivo latente de consulta el hecho de que le aqueja la “necesidad imperiosa” de repetir constantemente una conducta que ya no desea realizar es importante conocer cuál es el origen de esa “compulsión a la repetición”. Esto tiene el significado de que, para el sujeto es imperioso de estar otra vez en las situaciones traumáticas que sufrió, posiblemente acumulativas, para en esta ocasión, resolverlas favorablemente (Thomä y KÄchele, 1988) . 

Cuando se confronta a un paciente con la siguiente conflictiva “si has invertido tanto tiempo, dinero y esfuerzo en tratar de mejorar, ¿Por qué si tienes conciencia del daño que te haces repitiendo esta conducta, lo sigues haciendo? Y a continuación se le expresa una frase empática como “…entiendo que no quisieras repetirlo y que hay algo muy profundo que te empuja a hacerlo ¿podríamos hablar de ello?, pudiera estarse generando una especie de “conflicto óptimo” (Stark en Solomon y Siegel, 2017), esto puede precipitar el sentimiento de disrupción y generar mayor conciencia de enfermedad, afectándose cognitiva y emocionalmente por lo costosas que son sus defensas y resistencias. 

  • La pulsión de muerte y el masoquismo moral.

Karl Menninger (1936), en su obra “El Hombre contra sí mismo”, después de hacer un recorrido por la operación inconsciente de la pulsión de muerte para justificar la autodestructividad humana, habla de que: “El reconocimiento de la autodestructividad tiene como objetivo combatir tal autodestrucción y estimular a los instintos de vida en contra de aquélla (Menninger, 1936: 365)”. Es difícil que alguien reconozca sus propios impulsos autodestructivos así nada más, sin ninguna prueba, sin cierta demostración a partir del reconocimiento de la propia historia de que en muchas ocasiones ha habido autosabotaje, por ejemplo, cuando se tenía una gran oportunidad existencial.

Un tema fundamental en la tendencia a la autodestrucción en el adicto es lo que hace con sentirse rechazado, que puede conectar al sujeto que así lo percibe con los rechazos tempranos, tal vez involuntarios por parte de quien lo cuidaba en la infancia. 

Existe el fundamento patológico que proporciona la teoría del masoquismo moral (Freud, 1924). La persona rechazada, puede sufrir y gozar el rechazo, éste último le produce cierta ganancia que apoya decisiones que le confirman algo que cree que siempre ha ocurrido: que no es digno de ser querido. 

Existe además el deseo de castigo inconsciente. Ese que se busca para pagar culpas pasadas, incluso aunque no haya habido responsabilidad. Sentirse rechazado puede activar dichas percepciones negativas de sí mismo contra las que se lucha de aluna manera poco adaptativa.  Desde la perspectiva masculina, machista, adherida a una cultura patriarcal, el rechazo al dominio fálico por parte de una mujer que ya no está dispuesta a someterse masoquistamente, puede causar depresión y la lucha maníaca contra ella puede provocar el surgimiento de violencia.

Darse cuenta del masoquismo moral implícito en la patología adictiva, como un intento de mantener un equilibrio entre los instintos libidinal y agresivos (Waelder, 1937 citado por Socarides, 1958), es algo que puede explicar a la conciencia de enfermedad adictiva. La pregunta que se hace el adicto en recuperación es ¿Cómo he hecho para conciliar amor y agresión a través de mi uso compulsivo de drogas?

Al adicto a las drogas en recuperación, de manera frecuente se le pueden atravesar las llamadas “adicciones suaves”. En muchas ocasiones, quien está mejorando, suele tener retrocesos sin una explicación. Puesto que a la par de la conciencia de enfermedad debe estar la certeza de mejoría, creer en que se está participando en una solución con el propio esfuerzo, que incluso produce resultados positivos a los demás, ayuda mucho en el proceso. 

En la adicción activa, el sufrimiento se busca constantemente en todas las áreas de la vida y en la abstinencia esta tendencia masoquista suele continuar. En el texto básico de Narcóticos Anónimos (1986: 92) se dice que “Hay algo en nuestra personalidad autodestructiva que nos pide a gritos el fracaso” y esto es una evidencia del contenido punitivo que habita en la personalidad adictiva. 

Para recuperarse, el adicto tiene que estar atento de forma cotidiana a las variantes que tiene la compulsión a la repetición de actos auto destructivos. 

 

Referencias 
Freud, S. (1917). Duelo y Melancolía. Obras Completas. Tomo XIV. Buenos Aires. Amorrortu Editores. 1993.
Freud, S. (1919). Lo Ominoso. Obras Completas. Tomo XVII. Buenos Aires. Amorrortu Editores. 1993.
Freud, S. Más Allá del Principio del Placer. Obras Completas. Tomo XVIII. Buenos Aires. Amorrortu Editores. 1993.
Freud, S. (1924)
Menninger, K (1936). El Hombre contra sí Mismo.
Narcóticos Anónimos (1986). Texto Básico. Van Nuys CA, NAWS.
Narcóticos Anónimos (2001). Funciona, Cómo y Por Qué., Van Nuys CA, NAWS.
Narcóticos Anónimos (2000). Guía para Trabajar los Pasos de Narcóticos Anónimos. Van Nuys, CA. NAWS. 
Socarides, Ch. (1937). The Function of Moral Masochism: With Special Reference to the Defence Processes. International Journal of Psychoanalysis, 39: 587 – 597. 
Solomon y Siegel (2017). How People Change.  
Thomä, H. y Kächele, H. (1988). Teoría y Práctica del Psicoanálisis II. Estudios Clínicos. Barcelona, Herder.
Tatarsky, A. (2002). Harm Reduction Psychotherapy. A New Treatment for Drug and Alcohol Problems. New York, Aronson.

 

You may also like

Deja un comentario