8 evidencias de cambio psíquico en la recuperación de las adicciones

De: Andrés Tovilla Sáenz
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En los intentos de cambio que las personas viven como producto de vivencias de sufrimiento, en algún momento se “toca fondo”. Haber encontrado una nueva forma de vivir, es el colofón del fenómeno de la recuperación de la adicción, que constituye todo un proceso que cambia los paradigmas existenciales. Puesto que el camino es dejar las drogas, perder el deseo de drogarse y tener una nueva forma de vida (Narcóticos Anónimos, 1986), es deseable encontrar evidencias de cambio psíquico producido por un tratamiento, como es el caso de la combinación multidisciplinaria de doce pasos, psicoterapia psicoanalítica, terapia familiar y terapia ocupacional. Y no solamente eso, sino que el sujeto se convenza a sí mismo, desde su propia fenomenología, que ha cambiado. 

Estudiar el cambio psíquico es del mayor interés para conocer la eficacia psicoterapéutica. Este esfuerzo del conocimiento de categoría científica, es particularmente interesante en la actualidad en la medida en que se procura entender el alcance que puede tener este proceso, dados los desarrollos en el tratamiento de las patologías del carácter (Fischer, 1992). 

El cambio psíquico es definido como la transformación que tiene la personalidad, principalmente en el carácter a través del tiempo. Este movimiento cualitativo, puede ser afectado de forma adaptativa por una psicoterapia. En este sentido, la resolución de un conflicto intrapsíquico es un tema fundamental que da pie a esta clase de transformación. Además, se pasa de cierto despliegue defensivo del Yo, característico a uno diferente, esperándose que el nuevo sea más adaptativo. 

Las evidencias más claras de cambio de personalidad radican en el pensamiento. Es importante preguntarse si el programa de doce pasos “enseña” a pensar diferente. Para empezar, en él hay un convencimiento de que pensar disminuye la impulsividad. “Piensa, piensa”, dice uno de sus “axiomas”. Dado que las reuniones en sí son un evento que permite la reflexión a cada sujeto que participa, pudiera decirse en efecto, que en la medida en que se acumula un mayor número de reuniones, la capacidad de pensar aumenta. La experiencia fortalece.  

En una de las publicaciones de Alcohólicos Anónimos en México (2015), una persona escribe: 

Han pasado casi 7 años; he recibido dadivas, las cuales tengo el deber de compartir. He dejado de fumar; trato de ya no pelear conmigo mismo y con los demás; hoy tengo fe en Dios como yo Lo concibo; creo que Él me seguirá concediendo el poder realizar un cambio profundo de personalidad para alcanzar la libertad espiritual. Hasta el día de hoy, siento profundas depresiones a consecuencia de mi enfermedad física; pero es más grande la esperanza que me brindan mis compañeros y amigos, y el amor de Dios.

Es lo que relatan los sujetos que están en proceso de cambio y se aceptan. Las personas se ayudan de la psicoterapia para conseguir un cambio psíquico. Hay algo que habrá devenir, de lo que se tiene expectativa, una búsqueda que en los tiempos actuales es cada vez más frecuente a través de medios psicoterapéuticos. Desde el punto de vista psicoanalítico, el paciente busca “una modificación de su estado psíquico, sean cuales fueren los motivos que le inducen a desearla librarse de síntomas e inhibiciones, disponer de más recursos y posibilidades mentales, ser capaz de dar a su vida una orientación y un sentido más satisfactorios, relacionarse mejor con sus semejantes… (Coderch, 1995: 418)”. Por ello, cuando se funciona como psicoterapeuta, cabe tratar al paciente como alguien que tiene la expectativa de un cambio. 

El drogadicto que decide dejar las drogas y se inscribe en un programa de recuperación, asume que está en un proceso de cambio. Con más experiencia que el testimonio de arriba, un adicto en recuperación con más de 25 años de abstinencia y una relativa adherencia exitosa al programa de doce pasos dice:

Cuando percibo que he cambiado, tengo determinadas certezas. Estoy seguro de que obtengo resultados de lo que hago bien conmigo mismo en este proceso. Es producto de un esfuerzo diario. Me doy cuenta de mi cambio positivo cuando tengo percepciones del pasado a las que ahora, de forma distinta, les doy un valor constructivo, en las que la experiencia acumulada tiene un significado, en el cual, hay más logros que fracasos. La felicidad proviene de allí. En esto la gratitud con la vida y las personas tiene mucho que ver. No se puede cambiar si no se trabaja en uno mismo. Pero los logros no son los materiales, sino los del autoconocimiento. Esto he de compartirlo, para que permanezca en mi mente, pero también para que otros se nutran de mi fortaleza, esperanza y experiencia.

Vivir un día a la vez o “Sólo por Hoy” es una condición prioritaria para estas personas. Reduce la angustia de vivir en la falta de la sustancia o el objeto que le permite transitar psíquicamente sin ella. Entonces puede afirmarse la existencia de una serie de indicadores que evidencian que se está teniendo un cambio de personalidad. 

  1. Se tiene una noción clara de la evolución del sí mismo de la persona. Es decir, se llega a conocer cómo ha sido la trayectoria de cambio a través de la recuperación. En esto ayuda mucho la identificación con pares. 
  2. Dado que los riesgos de que haya brotes micro – psicóticos en momentos de excesiva angustia se reducen gracias a la contención del grupo y al efecto mismo del proceso terapéutico en el que se participa, se reduce notablemente la impulsividad. También la tolerancia a la demora y a la frustración aumenta notablemente. Esto ocurre también debido a que empieza a predominar cada vez más el pensamiento de proceso secundario, de mayor racionalidad. 
  3. Se consiguen objetos sustitutivos sanos y no dañinos que eliminan los sentimientos de desintegración, decaimiento, ansiedad hipomaníaca, depresión, soledad y de ira narcisista crónica (Ulman y Paul, 1992).
  4. Se pierde la obsesión de consumir ante dificultades en el manejo emocional y se tiene mayor eficacia para salir de pensamientos obsesivos que puedan llevar a compulsiones. 
  5. Se adquiere mayor honestidad consigo mismo y con los demás. Esto puede traducirse en que las personas consideradas tóxicas se alejen por sí mismas de la vida de la persona en recuperación. 
  6. Se tiene acceso a vínculos más sanos, con personas de menor psicopatología y por ende se tiene acceso a mejores opciones amorosas, sociales, educativas y laborales. Dicha evolución parte de una percepción en la que cada vez hay una más clara diferenciación entre las situaciones subjetivas que corresponden a vivencias internas y las objetivas relativas al Otro o ambientales, lo cual implica un menor grado de patología (Auerbach y Blatt, 1996). Un ejemplo clínico es el de aquel paciente que ya no se siente avasallado por los sentimientos de pérdida ante rechazos, abandonos o desamores y no reacciona drogándose o teniendo conductas perversas o autodestructivas. En estos encuentros, cada vez habrá mayor capacidad para la intimidad, para el contacto emocional y la compasión concurrente. 
  7. Dado que existe una cuota de narcisismo patológico en las personas con problemas de adicción, la necesidad constante de gratificaciones narcisistas amengua y con ello se logra una menor ansiedad por lograr situaciones de omnipotencia. Es decir, el trastorno narcisista correlativo pierde fuerza. El cambio psíquico constituye una reorganización estructural en la que la libido se redirige a objetos tanto internos como externos, ahora con diferente intensidad. 
  8. Los rasgos de perversidad sexual se anulan o reducen. Una de las descargas más importantes de funcionamiento concomitante con el consumo de drogas es el comportamiento perverso. Al sublimarse la pulsión sexual, habiéndose retirado montos de agresión entremezclados con la libido, se da lugar al surgimiento de una creatividad insospechada. 

Reflexionar constantemente sobre el fenómeno existencial, es un esfuerzo hermenéutico subjetivo al que se tiene acceso constante por medio de las reuniones en los grupos de doce pasos. Porque el adicto en recuperación encuentra allí de manera análoga al psicoanálisis, diversos significados. Paul Ricoeur (1965: 52) al referirse al análisis freudiano, plantea una figura de tres vértices: “La reflexión, la interpretación entendida como restauración del sentido y la interpretación comprendida como reducción de la ilusión”. El grupo da capacidad reflexiva, sentido y realidad. 

Aquí se está hablando de una fenomenología reflexiva, aquella que produce un discurso desde el sujeto que piensa acerca de sí mismo como alguien que posee una personalidad en transformación constante. En el psicoanálisis también existe una tarea de asistencia al analizante para que produzca una reflexión sobre sí mismo. En ambos casos, la palabra modifica el pensamiento y permite la comprensión de sí mismo para tener acceso al cambio de personalidad. 

La figura del apadrinamiento en estos grupos constituye un impulso importante para la reflexión, pues el sujeto se identifica con otro par en el pensamiento sobre la evolución de sí mismo, que el padrino ya realizó. Que el padrino ayude al ahijado a darse cuenta del cambio que ha podido experimentar gracias a la práctica de los pasos es una de las claves de esta experiencia vincular. El enriquecimiento de la vida de las personas en recuperación parte del principio de adherencia que promueve la autoayuda significada por un adicto con experiencia y fortaleza ayudando a otro. 

La recuperación es una evolución del self ante una serie de situaciones de angustia que se van superando, lográndose un aprendizaje de ello, de manera que hay una percepción de la resiliencia que se ha adquirido. Cuando se encuadra al paciente con una metáfora de autoconocimiento en la que está invitado a tomar un “curso sobre sí mismo” al tener una relación con el psicoterapeuta, se está abordando un vehículo de conocimiento que irá reportando diversas imágenes sobre el camino recorrido, pero también hará el relato de cómo va cambiando el pasajero al observar la ruta. También puede adicionarse a todo esto la metáfora de que el Yo del sujeto en psicoterapia o en el grupo de autoayuda, es un cuerpo que se ejercita y fortalece.

La verdad plena que alguien puede decirse acerca de sí mismo nunca se alcanza, por lo que la tarea es constante. En la recuperación de las adicciones, vista desde un plano espiritual, como lo hacen los miembros de las confraternidades de doce pasos, esto se acepta de manera cotidiana: no hay recuperación sin autoconocimiento.

Referencias

Auerbach, J.S. and Blatt, S.J. (1996). Self-Representation in Severe Psychopathology. Psychoanal. Psychol., 13(3):297-341
Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, A.C. (2015). Cambio profundo de personalidad para alcanzar la libertad espiritual. Desde Adentro. Boletín Institucional. 01-03-2015 https://aamexico.org.mx/aamexico/cic/boletin/Adentro_34.pdf Consultado el 29 de diciembre de 2019.
Coderch, J. (1995). La Interpretación en Psicoanálisis. Barcelona, Herder.
Fischer, N. (1992). The Psychoanalytic Experience and Psychic Change. Int. J. Psycho-Anal., 73:685-700
Ricoeur, P. (1965): Freud: Una Interpretación de la Cultura. México, Siglo XXI, 2014.
Ulman, R.B. and Paul, H. (1992). Dissociative Anesthesia and the Transitional Selfobject Transference in the Intersubjective Treatment of the Addictive Personality. Progr. Self Psychol., 8: 109-139

 

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