El divorcio puede ser positivo

El divorcio puede tener efectos positivos cuando quien se divorcia vive el proceso de duelo que corresponde al final del matrimonio. Este artículo aborda tal posibilidad, desde el punto de vista del divorcio como una transición vital.

Ramos (2011, p. 73) sostiene que: “El divorcio es parte de la realidad del matrimonio”. Puede ocurrir y muchas vece ocurre. En tanto disolución jurídica de un vínculo, supone una acción simbólica (Ramos, 2011) que oficializa la ruptura de la pareja (Pérez, Davins, Valls y Aramburu, 2009). Se fue normalizando socialmente, en la medida en que el matrimonio se asoció más con el amor romántico que con el compromiso (cf. Sangrador, 1993), de modo que “la persona” fue tomando preeminencia sobre “la institución” (cf. Botero, 2012). Una ilustración de esta normalización es la figura del divorcio incausado, conocido como “divorcio exprés” porque agiliza significativamente la disolución: basta con que una de las dos personas quiera divorciarse para considerar justo solicitarlo 1, el único requisito en México2 es que el matrimonio tenga un año o más de duración3 y su costo económico es considerablemente menor al de otras opciones (Méndez, 2014).

1Puesto que el matrimonio “se sustenta fundamentalmente en la autonomía de la voluntad de las personas”, como señala el decreto que expone los motivos para incorporar el divorcio incausado al Código Civil del Estado de México, citado por Méndez (2014, p. 15).
Para el año 2014, esta figura jurídica estaba presente en ocho entidades federativas del país (Méndez, 2014).
3 En marzo del 2018, el Gobierno de la Ciudad de México envió una propuesta a la Asamblea legislativa de la entidad, para eliminar este requisito, considerando que vulnera los derechos de los interesados.  (Zamarrón, 2018).

 

Por su parte, la percepción de que cada vez hay más personas divorciadas es corroborada por los datos. Entre el año 2000 y el 2015, los divorcios en México aumentaron 136% (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2017). Esto ha provocado una de las transformaciones en la configuración familiar sobre las cuales, Valdés (2003, p. 4) señala: “Resulta ineficaz discutir si la familia era más funcional antes o ahora, si sus miembros eran más o menos felices que en la actualidad. Precisamente, respondiendo a un criterio de funcionalidad, la familia tuvo que desarrollarse y cambiar“. Así, la realidad social ha desdibujado el etiquetamiento de las familias como “disfuncionales” o “rotas” cuando las parejas se han divorciado y el divorcio ha dejado de ser considerado algo necesariamente “dañino” o “destructivo” para las personas, las familias o la sociedad (cf. Valdés, 2003).

Cabe señalar que la mayoría de los divorcios en el país se realiza de mutuo acuerdo (INEGI, 2017). No obstante, este “mutuo acuerdo” no significa una resolución amistosa; se trata más bien de una elección para agilizar un proceso (Méndez, 2014) que de otra forma podría durar años, sobre todo considerando que la experiencia del divorcio trasciende el trámite legal. En general, una pareja pasa por una etapa de insatisfacción y distanciamiento antes de romper la relación; luego, cuando sobreviene la ruptura, esta es elaborada psicológicamente para dar paso no solo al mencionado trámite legal, sino también a la separación económica, a la reorganización identitaria4 de cada cual y a los ajustes en las relaciones interpersonales y sociales que se vivían en pareja (Valdés, 2003).

4 Se refiere al proceso subjetivo de asimilar la nueva condición (soltería) en tanto rasgo personal que es forma parte de la identidad.

 

Por más civilizado que sea el trámite, usualmente no se vive con satisfacción, primero porque generalmente haber contraído matrimonio implica haber esperado o deseado que el matrimonio perdurara; luego, porque la elaboración psicológica de la ruptura es un proceso de duelo que, como su nombre indica: duele. El divorcio hace evidente que dejó de existir un proyecto de vida en común o la posibilidad de que lo hubiera. Hace un par de décadas no habría habido necesidad de mencionarlo; pero ahora es pertinente explicitar que terminar un matrimonio es una pérdida mayúscula a la que normalmente se asociarán sentimientos de tristeza, frustración, angustia, enojo, desesperanza, etc. La pertinencia de esta mención está en contrarrestar la idea de que hay que estar bien al divorciarse y hay que seguir adelante sin lamentos, una idea que puede ser promovida por un tratamiento superficial del tema, por ejemplo, en espacios de entretenimiento5.

Viorst (1990, p. 294) dice, respecto al cambio y el crecimiento en la edad mediana, que: “independientemente de la manera en que la enfoquemos, la vida ya no será la misma”. Así ocurre con el divorcio: algo importante e impactante ha ocurrido. Dicen Pérez et al. (2009, p. 39), que: “En un primer momento puede aparecer un sentimiento de liberación por la decisión tomada o por haber decidido solucionar un problema insoportable o por haber dado un paso decisivo hacia un nuevo camino. Pero la duda, la sensación de haber fallado, la culpa, generan desazón y un profundo sentimiento de pérdida”. Sin embargo, incluso sin dudas, sin la sensación de haber fallado y sin culpa, la consciencia de la situación puede provocar un profundo sentimiento de pérdida porque existe esa pérdida.

5La lectura superficial de artículos como: “Divorciada y feliz: disfruta de tu nueva vida” (Vélez, 2016a), podría llevar a concluir que tras el divorcio, basta con decidir apreciar lo que se tiene, para sentir felicidad. En otros artículos, como “Manual exprés para superar un divorcio” (Vélez, 2016b), no se trata de la posibilidad de malinterpretar sino de lo que expresamente se asienta: “Antes o después tendrás que superar la ruptura, olvidar a tu exmarido y relegar tu matrimonio a un pasado que no debes remover. Y vamos a procurar que sea cuanto antes dando los pasos fundamentales” (negritas en el original). Más o menos en el mismo sentido, una organizadora de fiestas de divorcio, afirma: “Para muchas mujeres es muy difícil enfrentar esta etapa. Por lo que trato de brindarles herramientas educativas de seducción para que puedan volver a la conquista” (Infobae, 2017).

 

Parece haber un consenso en la literatura respecto a que esta pérdida dolerá, sea como sea que haya terminado el matrimonio; dolerá incluso si la persona tiene una situación de ventaja respecto a quien fuera su pareja; dolerá más si el vínculo fue intenso y duradero (Perez et al., 2009). Las personas pueden intentar evitar el dolor realzando sentimientos de triunfo, rechazando todo lo que tuvo que ver con la relación, iniciando nuevas relaciones amorosas o apresurándose a mostrarse recuperadas; pero esta evitación detiene el proceso de aceptación de lo ocurrido y de la nueva situación (Pérez, et al., 2009). En cambio, vivir el duelo con el dolor que implica y la gama de sentimientos que se presente, hace posible dar un “cierre” a la etapa vivida, para comenzar una nueva de la mejor manera posible (cf. Viorst, 1990; Márquez, 2005; Perez, et al., 2009).

La diferencia entre terminar el matrimonio y concretar el divorcio

Las relaciones matrimoniales altamente desgastantes o francamente vacías, en las que no hay interés suficiente de ambas partes por la conciliación, terminan de hecho. Otra cosa es la decisión de dar por terminada la relación, de materializar la ruptura con la separación y de hacerla oficial con el divorcio. “Ante la conocida sentencia – “pesa más que un matrimonio mal llevado” – cabe preguntarse ¿Es necesario soportar ese peso? […] ¿Vale más un matrimonio deteriorado o un divorcio bien resuelto?” (Valdés, 2003, p. 6). Es una decisión que puede ser cuestión de integridad, dignidad y responsabilidad. Según Echeburúa, Amor y De Corral (2002), depende tanto del apoyo social como de los recursos psicológicos disponibles, por ejemplo, la autoeficacia6. En tanto expresa “una no-aceptación de lo inevitable e irrevocable […] a expensas de la felicidad” (Arés, citado por Valdés, 2003), puede considerarse un acto de amor propio.

6Los autores se refieren a la ruptura de relaciones con violencia hacia la mujer, pero este planteamiento puede hacerse extensivo a todo tipo de rupturas.

 

Así pues, el divorcio hace evidente la pérdida de la relación matrimonial y precipita las pérdidas asociadas (de negocios comunes, de vida social en común, de un determinado nivel de ingresos, etc.). Sin embargo, es un “ritual de salida” de una condición en la que ya no existe una relación de pareja en términos que sean aceptables para ambas partes (cf. Ramos, 2011). En palabras del psicólogo Juan Ortiz (citado por Blardone, 2014): “Cuando se decide un divorcio, en la mayoría de los casos el rompimiento se dio dentro del matrimonio y desde tiempo atrás”. Asumir7 la decisión, así la haya propuesto la otra persona, sitúa en una posición abierta a la vida: implica creer que se puede estar mejor: vivir de manera más satisfactoria, tener mayor bienestar. Esta creencia puede sostener el esfuerzo para, efectivamente, “estar mejor”.

Salzberg (2014) emplea una figura retórica que permite visualizar lo anterior: dice que al “matrimonio muerto” hay que enterrarlo. Ella hace la indicación a los divorciados; sin embargo, los todavía casados pueden proceder a enterrar la relación muerta, justamente divorciándose. La decisión es una valiente renuncia a lo muerto a favor de lo desconocido.

De lo anterior se concluye que: “El divorcio no es el problema, sino el resultado de un conjunto de inconvenientes, desavenencias y problemáticas vividas en el contexto del matrimonio” (Shiaffino, Vera, Vielma, 2013, p.27).   Se trata de un transición vital que es también una oportunidad de crecimiento (Mikulic et al., 2005). Más allá de que “puede prevenir la aparición de crisis mayores” (Valdés, 2003, p. 7), puede conducir a las personas a sentirse “con mayor plenitud que antes, con autonomía e independencia y aumento de la autoestima y confianza en sí [mismas]” (Valdés, 2003, p. 10).

7Cabe recordar que “asumir” va más allá de “admitir”; se refiere a “hacer propio” para “hacerse cargo” (Definición de asumir).

 

Si bien, el divorcio es un fenómeno cuyo significado y sentido en la realidad subjetiva, depende de la experiencia concreta de quien lo vive (Valdés, 2003), pueden contarse entre los efectos positivos de divorciarse:

  • Cese de la angustia por los conflictos constantes; condiciones de posibilidad para trabajar con el resentimiento (Tovilla, 2017); recuperación de la tranquilidad (Botero, 2012), excepto en el caso de parejas que viven violencia, pues esta no necesariamente termina con el divorcio (Echeburúa, et al., 2002).
  • Sensación de libertad y afirmación propia (Valdés 2003).
  • Impulso para el crecimiento personal (Valdés, 2003); motivación para nuevo comienzos (Ortiz, citado por Blardone, 2014).
  • Posibilidad de empezar otra relación amorosa como persona soltera y contraer matrimonio nuevamente (cf. Valdés, 2003).
  • Fortalecimiento de la capacidad relacional, cuando se ha elaborado plenamente el duelo por la pérdida (Pérez, et al., 2009).

Por supuesto, los efectos positivos del divorcio dependen de cómo se maneje la situación, lo cual a su vez tiene estrecha relación con el sistema de creencias de las personas (cf. Valdés, Basulto y Choza, 2009) y con las circunstancias de la separación. Hace falta tener una visión que trascienda el conflicto, en primer lugar para gestionar la interacción necesaria con la ex pareja mientras se realizan los trámites y se establecen acuerdos8. Para conseguirlo, conviene seguir los consejos de Juan Ortiz (citado por Blardone, 2014): actuar con respeto hacia la ex pareja, cuidar la forma de comunicarse, evitar hacer atribuciones negativas respecto a la conducta del otro y tener presente el proceso de duelo que se está atravesando.

8Tener hijos en común obligaría a una interacción, al menos, durante los años en que estos hijos fueran dependientes.

 

El divorcio generalmente no es un evento feliz, pero lejos de ser un “mal menor”, puede enriquecer la vida de las personas.

 

Referencias:
Blardone, S. (2014). Las 10 reglas de oro para ser feliz después del divorcio. Infobae. Consultado en: https://www.infobae.com/2014/08/23/1589597-las-10-reglas-oro-ser-feliz- despues-del-divorcio/
Botero, J. S. (2012). El matrimonio nace… el matrimonio muere… dos posiciones de cara al fracaso conyugal. Theologica Xaveriana, 62, 173, 31-60. Recuperado de: http://www.scielo.org.co/pdf/thxa/v62n173/v62n173a02.pdf
Definición de asumir. En: Definición ABC. Consultado en: https://www.definicionabc.com/general/asumir.php
Echeburúa, E., Amor, P. J., De Corral, P. (2002). Mujeres maltratadas en convivencia prolongada con el agresor, variables relevantes. Acción psicológica, 2, 135-150. Recuperado de: http://revistas.uned.es/index.php/accionpsicologica/article/view/548
Infobae (2017, 19 de septiembre). “Divorcio party”: de qué se trata esta tendencia que ya llegó a Argentina.  Infobae. Consultado en: https://www.infobae.com/tendencias/2017/09/19/fiestas-del-divorcio-como-son-y-que-se-festeja/
Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI] (2017). Estadísticas a propósito del… 14 de febrero, matrimonios y divorcios en México. Recuperado de: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2017/matrimonios2017_Nal.pdf
Márquez, X. (2005). Ni contigo ni sin ti: la pareja irrompible. Revista Intercontinental de Psicología y Educación, 7, 2, 27-42. Recuperado de: http://www.redalyc.org/html/802/80270203/
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Mikulic, I., Muiños, R., Crespi, M., Fernández, G., Monges, M. E., Lorenzut, V., Ojeda, G. (2005). Transiciones ecológicas: estudio del afrontamiento de las crisis vitales migración, encarcelamiento y divorcio desde el enfoque de la psicología positiva. Anuario de investigaciones, 13, 175-184. Recuperado de: http://www.scielo.org.ar/pdf/anuinv/v13/v13a17.pdf
Pérez, C., Davins, M., Valls, C. y Aramburu, I. (2009). El divorcio, una aproximación psicológica. La revue du REDIF, 1, 39-46 Recuperado de: https://www.researchgate.net/publication/242775375_El_divorcio_una_aproximacion_psicologia
Ramos, A. (2011). La mirada del profesional: justicia y toma de decisiones en el proceso de divorcio. Nueva antropología, 24, 75, 71.92. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/pdf/na/v24n75/v24n75a5.pdf
Salzberg, B. (2014). Los niños no se divorcian. Recuperado de: http://www.escuelapsicoanalitica.com/wpcontent/uploads/2014/06/AECPNA_02_losninos nosedivorcian.pdf
Sangrador, J. L. (1993). Consideraciones psicosociales sobre el amor romántico. Psicothema, 5, 181-196. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/727/72709913.pdf
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