Lo disruptivo traumático en la vida social y la educación para la paz

Lo disruptivo es algo extraordinario que impacta al psiquismo. Necesariamente irrumpe en lo consciente y lo inconsciente. Lo fáctico es un desencadenante de procesos psíquicos de magnitud relativa en función de la estructura de la personalidad del sujeto que lo percibe y procesa.

Ante los desastres sociales como el genocidio por una supuesta guerra del Estado a la delincuencia organizada, el profesional de la salud mental enfrenta situaciones singulares (Benyakar, 2002). La historia de las catástrofes ha puesto en evidencia que a la sociedad humana y los individuos siempre los acompañarán la angustia y la incertidumbre (Benyakar, 2006).

En el funcionamiento psíquico lo disruptivo puede producir:

  • Desestabilización.
  • Desregulación.
  • Desarticulación.

Estas consecuencias tienen su correlato social. En teoría (Benyakar, 2015), no se puede hablar de una situación psíquica disruptiva traumática en la psicología social, es decir, no existe un trauma social o al menos no se le llama así a un hecho que afecta el psiquismo colectivo. ¿Es así? Vale la pena discutirlo.

Es necesario retomar la teoría del psicoanálisis grupal y el concepto de vínculo inconsciente para ver que si bien existen distinciones el aparato psíquico colectivo (Käes, 1976) es análogo al individual y posee mecanismos inconscientes, si bien la teoría de lo disruptivo enfoca la clínica individual de un modelo de aparato psíquico del sujeto inmerso en un referente social.

Respecto a la dinámica psicosocial, los eventos disruptivos son comunes en la vivencia humana y afectan de manera diferenciada a quienes los experimentan en función de su estructura psíquica. La denominación original de los eventos que afectan a toda una población no necesita ser adjetivada psicológicamente. Guerra, huracán, terremoto, genocidio son disruptivos, aunque no necesariamente traumáticos para todos los miembros de la comunidad. El trauma y la resiliencia tienden a ser dimensiones subjetivas.

En segundo lugar está la capacidad del grupo para apoyar a cada uno de sus miembros a procesar situaciones disruptivas con potencial traumático, pues “todo evento o situación con el potencial de irrumpir en el psiquismo y generar reacciones en contra de la capacidad integradora y de elaboración será disruptivo (Benyakar, 2015).” Si existe una psicología colectiva, el ente social cae en esta clase de alteración, aunque cada sujeto tenga una experiencia psíquica diferente. Le toca al grupo afectado procesar el evento con la finalidad de seguir construyendo su estructura psicosocial.  

En eso radica, como una derivación libidinal, un instinto gregario. El ser humano socializa desde sus orígenes evolutivos para procrear y protegerse de los peligros naturales. La reacción instintiva ante situaciones disruptivas que afectan a una sociedad es agruparse y enfrentar con solidaridad el peligro. Los supuestos básicos que propuso Bion (1962) lo confirman.

De acuerdo con Pichon Riviere (citado por Hernández-Tubert, 2015), existe un Esquema Conceptual Referencial Operativo, en su mayor parte inconsciente que debe ser analizado cuando se trata de atender un fenómeno disruptivo, pues dicho boceto está influido por la situación fáctica en la que la reacción social es un elemento importante. Por ejemplo están una evacuación y las conductas resultantes ante un huracán en el Golfo de México. Este esquema puede servir como guía para emprender intervenciones en caso de traumas potenciales que afecten a individuos por una catástrofe generalizada.

Como Benyakar (2006: 69) denomina entorno disruptivo “al medio humano y físico masivamente distorsionado por la ocurrencia de hechos disruptivos que instalan una deformación ambiental, que puede devenir en crónica”, es necesario observar en la historia de una comunidad cierta exposición a hechos que en términos ideales  (paz, salud, medio ambiente) no debieran ocurrir en las condiciones de optimismo planteadas por los científicos sociales. Sin embargo, estos hechos ocurren y las relaciones de los sujetos y sus grupos con el medio se “dislocan” y las personas ya sea individualmente o en conjunto se “ven obligadas a hacer para adecuarse a ese nuevo entorno que se ha tornado incomprensible impredecible y, por lo mismo, amenazante” (Benyakar, 2006: 69). Es precisamente el asedio de una realidad incomprensible a la cual se trata explicar lo que empuja a una compulsión urgente, incluso desesperada, que por sí misma producirá nuevas distorsiones. Cuando en septiembre de 2005 (Griffin y Bajaj, 2005) la ciudad de Houston, Texas, fue evacuada se presentó una explosión de tanques de oxígeno para personas anóxicas en un autobús en el que huían decenas de jubilados del huracán Katrina. Éste es uno de los muchos ejemplos en que un evento disruptivo puede dar lugar a otro.

Cabe un cuestionamiento: ¿Existe afectación de un psiquismo en otro de manera disruptiva? Originariamente, el vínculo entre madre y bebé es una muestra de la calidad de esta clase de impacto. Por ejemplo, una ausencia puede devenir en disruptiva. Lo vincular puede ser disruptivo. Está la clásica situación de la progenitora negligente y agresiva, quien constituye una vivencia que perturba de manera definitiva el carácter. En este sentido, en el estado “primario” de la psique (Benyakar, 2018) existiría una relación que trastoca lo logrado en la situación originaria, en la cual el pictograma planteado por Aulagnier (1975) tiene una percepción primaria de la realidad, pues se ha podido conformar un esbozo de personalidad, aun sin una estructura plena, a la que le faltan los procesos primario de fantaseo y uno secundario de plena simbolización para tener un discurso del conjunto. Se requiere hablar de uno terciario, por “fuera” del sujeto de la percepción, en el que éste recibe las metabolizaciones mediante sus procesos psíquicos de los sujetos del grupo.  

En muchas ocasiones la afectación traumática no se evidenciará plenamente sino hasta que el sujeto interactúe en el ECRO en el cual se encontraba antes de exponerse al evento disruptivo. Tal es el caso de combatientes o sobrevivientes. Lo mismo sucede con las situaciones de encierro.  Los eventos abruptos que afectan a la sociedad, sean de origen social o natural, tienen una forma análoga a la que en lo disruptivo afecta la psique individual, aunque no sea un “trauma social”. Por ejemplo, cuando se habla de una “revolución” se hace referencia a una transformación social abrupta. Sin embargo, la violencia social es una proyección de la autodestrucción individual.

Se vive una historia discontinua con una realidad “sin unidad de propósito, fragmentaria, difusa (Fuentes, 2016: 102)”, en una sociedad perturbarda ominosa y disruptivamente por la violencia. Lo ominoso es afectación constante del pensamiento y lo disruptivo un hecho que confirma lo primero, produciendo desesperanza. Este tipo de realidad tiende a una cultura de la violencia que invade a los ciudadanos con pensamientos ominosos.

Janine Puget (2000: 457) sostiene al hecho disruptivo como traumatismo y lo considera social “cuando un evento, al afectar a un conjunto introduce imperativamente una interrupción en las modalidades de intercambio y propone modalidades subjetivas que sólo cobran significado en función del evento. El conjunto como tal podía no existir previamente o si existía no había sido constituido sobre esta base.” La modalidad de intercambio traducida en un pacto social pacífico  trastoca con la violencia e impacta en la psique colectiva. Es importante cuestionarse, aunque no se le denomine traumático a un evento de esta naturaleza, cuál es la calidad de dicho impacto en términos de la reacción inmediata y a largo plazo y cómo puede variarse esta afectación en función de una intervención psicoterapéutica dirigida a la colectividad.

El efecto de lo disruptivo en la psique, como los hechos violentos, se diferencia en cada individuo en función de su fortaleza yoica –que se puede reforzar familiar y socialmente para apoyar la resiliencia del sujeto–,pero sin duda podrá objetivarse una afectación social al reunir todas las formas de afectación psíquica en un lugar y un momento histórico dados. Es decir, se debe conocer el impacto psicosocial y tratarlo a fin de lograr una sociedad con mejor salud mental.

El tema que este investigador propone, el psicoanálisis de la actividad pacifista para influir en la educación, al interpretar la resiliencia de los sujetos que viven situaciones disruptivas y se convierten en pacifistas, pretende incidir en programas educativos para apoyar la pacificación de regiones mexicanas con graves hechos disruptivos sociales. Una situación disruptiva es considerada relevante cuando existe una prevalencia tal que capta la atención de los encargados de políticas y estrategias de salud en una sociedad. Si bien es cierto que psicoanalistas y otros profesionales de salud mental pueden detectar situaciones disruptivas que al acumularse son consideradas relevantes, no es sino hasta cuando se vislumbra consecuencias sociales graves que merecen la atención de los políticos. En el caso de esta investigación, se atiende la violencia social pero se requiere más perspectivas científicas para su solución y una propuesta psicoanalítica que incida en lo social.

Ante la situación ominosa y disruptiva que la sociedad mexicana vive se hace necesario un planteamiento político y filosófico que incluya al psicoanálisis en la creación de un nuevo orden social que contribuya a la paz. Un nuevo Estado democrático necesita ver su historia y sus contenidos inconscientes y sumar en la generación de una nueva cultura de paz. El freno a la violencia está en la educación, en una verdadera reforma que empodere a los docentes y las familias para generar en los educandos capacidades para la resolución pacífica de conflictos.

Se debe encontrar códigos para explicar la irrupción de lo disruptivo en la psique colectiva, de esos hechos que rompen con la continuidad de experiencias existenciales aI identificar patrones comunes en el comportamiento social derivado de ellos, utilizando los constructos psicoanalíticos.

El entorno violento disruptivo permea hacia lo inconsciente de los sujetos de un grupo social en un momento determinado y en cada quien tiende a desarticular o desestabilizar la psique, , produciendo un conjunto de afectaciones de orden psicosocial. Esos eventos disruptivos tenderán a un grado de afectación psicosocial que habrá de ser afrontado por los individuos y tratado diferencialmente por las instituciones responsables u ocupadas, de acuerdo con la gravedad del impacto.

Referencias:
Benyakar, M. (2002). Salud mental y desastres. Nuevos desafíos. Revista de Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría; 35 (1), México. enero-marzo. 3-25.
Benyakar, M. (2006). Lo disruptivo. Amenazas individuales y colectivas: el psiquismo ante guerras, terrorismos y catástrofes sociales. Buenos Aires. Biblos.
Benyakar, M. (2018). Exposición en cátedra de doctorado en psicología. Buenos Aires. Universidad de El Salvador.
Bion, W. R. (1962). “Learning from experience”, Londres: Karnac Books, 1984.
Griffin, L. y Bajaj, V. (2005). Bus carrying elderly storm evacues explodes near Dallas. New York Times. 23 de septiembre de 2005. Consultado en https://www.nytimes.com/2005/09/23/national/nationalspecial/bus-carrying-elderly-storm-evacuees-explodes-near.html el 21 de julio de 208.
Fuentes, C. (2016). Sociedad anónima: anonimato e irresponsabilidad, consideraciones a partir de la analítica del poder de Michel Foucault. En Lazo, P. (coord.). Filosofía política y crítica de la cultura. México, Universidad Iberoamericana.  
Hernández-Tubert, R. (2015). ECRO. Esquema Conceptual Referencial Operativo. Enrique Pichon-Riviere. Diccionario de psicoanálisis argentino. Asociación Psicoanalítica Argentina.
Puget, J. (2000). Traumatismo social: memoria social y sentimiento de pertenencia. Memoria social-memoria singular. http://www.apdeba.org/wp-content/uploads/022000puget.pdf.

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